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24 oct

La muerte siempre nos sorprende, sea de familiares o de amigos. En el caso del  reciente fallecimiento de David Lago González (Camagüey, 1950- Madrid, 2011), el pasado 18 de octubre en un hospital madrileño, su muerte fue además injusta.

Él que es un excelente poeta –permitidme que use el presente en vez de “era”, pues los poetas nunca mueren y su poesía les trasciende- y un betaniano casi desde los inicios , tuvo una existencia atormentada: primero en Cuba, donde fue expulsado de la Universidad y detenido varias veces, hasta que pudo salir de la Isla, años después del éxodo del Mariel, cuando no pudo abandonar el país como él hubiese deseado entonces. Ya en su amargo exilio español (1982) pasó por todo tipo de adversidades  hasta hace muy poco tiempo, cuando se iba recuperando relativamente y estaba en su mejor instante: dirigía al unísono 3 blogs ( El penthouse de Heriberto, Indicios de desorden Strawberry, fields  forever, you know, the place where nothing is real) convirtiéndose en un bloguero reconocido de la blogesfera de la disidencia cubana. Pero, además, este año, apenas hace unos meses, en París le publicaron 3 libros sucesivamente: Los sonidos del silencioOld spice y Memorias del Este (Ediciones Hoy no te visto en el paraíso, 2011) con los que estaba contentísimo, como un niño con juguetes nuevos.

Recuerdo que lo conocí en Madrid a mediados de los años ’80 y se me presentó con sus mejores credenciales: cubano (netamente camagüeyano) y con varios poemarios inéditos que había logrado sacar de Cuba. En esos años,  yo andaba confeccionando varios proyectos antológicos, en los cuales  le incluí, pues al leer su poesía -hasta entonces inédita- me percaté de su calidad poética: Poesía cubana contemporánea (Catoblepas, 1986) y Poetas cubanos en España (Betania, 1988). Más adelante, también  seleccioné su poesía para la antología Poesía cubana: La isla entera (1996).

En Betania, además,  le publiqué  sus dos primeros poemarios: Los hilos del tapiz(1994) considerado por Gastón Baquero uno de los mejores diez libros leídos por él ese año ( La Esfera, El Mundo, 17/12/1994) y La resaca del absurdo (1998) con prólogo de su amigo Carlos Victoria.

Por esos años fundó la editorial Timbalito donde publicó varios poemarios suyos: La mirada de Ulises (1999), La fascinación de lo difícil (1999), Lobos (2000),Jazz Session (2000) Tributos (2000) y de otros poetas cubanos: El lado humeante (2000) de Antonio Desquirón Oliva, Foxtrot (2000) de Raúl Ibarra Parladé y Coral Reef (2000) de Rolando H. Morelli. Fueron unas ediciones totalmente artesanales, de tiradas pequeñas , pero que realizaba con sumo orgullo y tenacidad. Posteriormente, en 2001,  fundó las ediciones Off Off Shores Unlimited, donde reeditó sus dos primeros poemarios betanianos en un solo tomo y con otro título: Hilos, tapices y telares (ebriedades y resacas).

Desde entonces, lo recuerdo como un asiduo asistente a los actos que programaba nuestra editorial en Madrid (primero,  en el recordado  Sunset Boulevard, después en Casa de América y más recientemente en la sede de la madrileña Fundación Hispano Cubana, donde asistía religiosamente a sus actos y tertulias) y una de las últimas veces que nos vimos fue en un merecido homenaje que le tributaron a nuestro mutuo amigo, el poeta cubano  José Mario (1940-2002) en la ya mencionada Casa de América, aunque también nos veíamos con mucha frecuencia en las reuniones en  casa de Waldo Díaz Balart, amigo de ambos.

Pero, además de sus facetas de poeta, editor y bloguero, David fue un incesante colaborador de las revistas impresas de la diáspora cubana, como: El Gato Tuerto (San Francisco), Linden Lane Magazine (Texas), revista donde obtuvo el 2º Premio de Poesía en 1985,  Sinalefa (Nueva York)  y, sobre todo, la RevistaHispano Cubana (Madrid). Igualmente, aunque  siempre le horrorizó pertenecer a cualquier organización, era miembro del Pen Club de Escritores Cubanos del Exilio.

En fin, esta  inesperada e injusta muerte de mi amigo David me ha golpeado profundamente y con él se nos va  uno de los mejores poetas cubanos surgidos en el exilio.

Últimamente, más que vernos, como hubiese sido nuestro mutuo deseo, nos llamábamos por teléfono e intercambiábamos e-mail, donde me mantenía al día de sus  recientes logros literarios y me comentaba sus proyectos futuros. Por esa actividad cultural que desarrollaba, digo que su muerte fue injusta, pues le llegó justo en el momento que él estaba consiguiendo su definición mejor.

 Felipe Lázaro

Escalona, octubre y 2011.

La absurda resaca que es la muerte.

24 oct

La absurda resaca que es la muerte  ,  en La balsa de la Musa, de Armando Valdés-Zamora            

ARMANDO VALDÉS-ZAMORA – IMAGINARIAS DE UN VELERO SUGERIDO

(Editorial Verbum, Colección Verbum Poesía, Madrid 2010)

24 oct
Por qué la dimensión de un hombre se multiplica después de su muerte… Ocurre tantas veces…
Rechazo los abalorios que disfrazan la verdad y la crudeza de la vida. Rechazo el vocablo esperanza y todas sus letanías. Las expectativas. Sé que ello insufla miedos… “Nadie está pa eso” solía decirme un “amigo” si osaba comentar tristezas, dolor, el maremágnum de frustraciones y rabias de esa enfermedad incurable que es el exilio…
Dónde encontrar el equilibrio entre raciocinio y emociones? Será posible navegar contra la corriente irreverente q desata el desasosiego del alma? David, donde estés, lástima no haberte conocido. Tal vez sí fue tu felicidad completa. Te entiendo! Y aunque tu cuerpo repose bajo el mármol tu alma leerá estos epitafios infinitos que te hacen invulnerable. Me mueven tus letras… Gracias David!

Consultas del silencio. Espacios de David Lago González.

22 oct

GRACIAS  a  Guillermo Gonzalez Arce , el  estremecedor libro  sobre Cuba, de    David Lago González, puede consultarse  en:

LOS SONIDOS DEL SILENCIO  

Para consulta, los sitios de  David Lago González:

El Penthouse de Heriberto   

POEta. ESCritor. MAYormente autodidacta.

En Cuba no tuve premiecitos, creo que de hecho sólo participé en un concurso que no recuerdo cuál fue ni con qué libro, por allá por los inicios de los años 70. No pertenecí a la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) ni a la Bgda. Hnos. Saínz.  Tampoco a la UJC (Unión de Jóvenes Comunistas), al PCC (Partido Comunista de Cuba), a la FMC (Federación de Mujeres Cubanas), sólo al CDR (Comité de Defensa de la Revolución) sin ningún cargo de relevancia.  A nadie mataban por ello, pero había que saber que era absolutamente necesario abandonar toda ambición personal de ser reconocido, publicado, ocupar cargos de director o adjunto, representante político y que nunca sería merecedor de ningún reconocimiento.  O sea, vivir así significa no existir salvo en el plano personal más íntimo.  Eso es lo que habrían obtenido todos los que supuestamente hubieran llevado a cabo esa tardía y estúpida operación de “no , no coopero” que posiblemente un 1% de la población habrá llevado a cabo, más bien por cansancio y no por disciplina.
No pasé el Servicio Militar Obligatorio porque, después de numerosos exámenes médicos y posibilidades terroríficas, terminé declarándome homosexual pasivo (en Cuba la homosexualidad activa no se considera enfermedad y por tanto no puntúa para el caso), lo cual, después de inolvidables y constructivas humillaciones, casi me conduce al EJT (Ejército Juvenil del Trabajo) o CJC (Columna Juvenil del Centenario), que eran o son versiones actualizadas y descafeinadas de los célebres UMAP (Unidades Militares de Apoyo a la Producción).
Me “enhebresté” cuando El Mariel y quise salir a través de ese puerto durante esa operación fabulado con premeditación y alevosía, pero Los Dioses de la Escoria no nos fueron propicios, de modo que recuperé un larguísimo (pero acertado) camino para recuperar mi ciudadanía española, lo que me condujo a establecerme en La Villa y Corte.
En España, he publicado dos poemarios (“Los Hilos del Tapiz” y “La Resaca del Absurdo”) con Editorial Betania, Madrid (entiéndase claramente: he pagado a Felipe Lázaro para que fueran editados esos libros, con una insignificante distribución, de modo que aún arrastro literalmente como unos 500 ejemplares por todo el MadriZZ, lo que ha provocado en mí un odio salvaje y físico hacia esos libros.  Ésa es la manera en que mayormente los escritores cubanos publican: pagando a las distintas editoras  -creo que con excepción de Colibrí-, por lo que nunca jamás me uniré al coro servil de llamarles “mecenas”, aun cuando me considero amigo de Felipe Lázaro).
He sido EDITor de Ediciones Timbalito (edición no venal), Madrid, años 1999-2002, publicaciones informáticamente artesanales.
Antologías. Colaboraciones en diferentes revistas online y en papel, destacando Liden Lane Magazine, The Big Times, La Peregrina Magazine, Ariadna, Los Lobos de Omaña, Poeta de Cabra y Revista Hispano-Cubana.  Forman parte de mi curriculum, ligero, como el equipaje de Machado para andar por la vida y por la muerte.
No pertenezco a ningún exilio porque el exilio es una palabra que denota transitoriedad, y yo abandoné Camagüey después de haber roto con la sociedad cubana derivada del comunismo y a sabiendas de que no volvería ni siquiera en cenizas.  Con la Revolución Cubana nunca rompí porque no puede existir ruptura con algo a lo que no se está previamente unido.  La deducción es elemental, pienso humildemente.
Mantengo la misma verticalidad que sentía dentro de la isla.  Y la macro-política no me interesa tanto porque por suerte nunca estuve a tal altura.  En cambio sí me preocupa muy de cerca la micro-política porque es esa miseria humana la que sostiene el Gran Ideario, lo reforma, lo actualiza y lo renueva para seguir perpetuándose como lombrices.  No perdono la miseria humana, ni soy tolerante con ella.
No debo nada a la derecha ni a la izquierda.  En el plano humano, personal, estoy espiritual y materialmente mucho más agradecido a personas que se consideran dentro de los cánones de la izquierda.
Nunca hice nada por la libertad de Cuba ni pienso hacerlo. No tengo obligación de ser patriota, mártir, guerrero, luchador, dirigente sindical ni militante de ningún partido, ni sacerdote ni beato, ni dama vestida de blanco o de cualquier otro color.  Posiblemente eso se deba a mi falta de ideales y a un recelo ya “empercudido” hacia todo lo político e ideológico.  Yo escribo versos y, a veces, pienso.  Quien sea zapatero, que arme los zapatos.  Quien sea charcutero, que venda chorizos y embutidos.  Quien escribe versos no tiene necesariamente que coger un fusil.  Quien cumple prisión como patriota puede ser encomiable por sus hechos, pero no obligatoriamente tiene que ser poeta porque en su sufrimiento junte algunas palabras pensando en el movimiento o en la añoranza de un amor.  La poesía es otra cosa.
Y eso es lo que hay: quien quiera tratarme, bien, y quien no, también.

EL PENTHOUSE DE HERIBERTO es un blog dedicado, mayormente, a mis amigos y la producción literaria o plástica de estos. También incluye consideraciones personales (Moleskine), relatos del blogger, traducciones, conversaciones y temas a compartir en la terraza de Heriberto.——HERIBERTO no soy yo, sino una persona que vive todavía en ese mismo penthouse. CUAndo intentó irse por El Mariel tuvo la mala suerte de coincidir en la Oficina de la Escoria con el Teniente Lara, siniestro personaje del Departamento de Lacra Social, que improvisó un bonito “bocadillo” sobre el deprimente escenario diciéndole: “Pero, Heriberto, tú aquí… No me digas que quieres marcharte de Cuba. Con todo lo que la Revolución ha hecho por ti. ¿Alguien te ha molestado? Si es así, debe haber sido un error. No, Heriberto, no es posible que tú nos hagas esto a nosotros. No, no, seguramente vienes a despedir a un mariconcito amigo tuyo…” HERIberto se marchó a su casa, a su ático, con el rabo y el deseo entre las piernas; no éramos especialmente amigos íntimos (en la acepción cubana del término, no la española), pero, poniendo ese nombre a este blog, quiero resarcirle por todo el miedo que debe haber pasado en su vida…

Datos personales

Mi foto
Camagüey, 23 mayo, 1950.
Madrid, 17 octubre, 2011
Agradecidos a todos los amigos que se han acercado. 

21 oct

David Lago, poeta y bloguero de la disidencia cubana

El escritor vivía exiliado en Madrid desde hace casi tres décadas

ROGER SALAS 21/10/2011

 El poeta y escritor David Lago González murió el martes 18 en un hospital madrileño. Había nacido en Camagüey (Cuba) el 21 de mayo de 1950. Emigró con su madre, ya viuda, a Madrid en 1982 y tuvo en exilio repleto de penalidades. En sus escritos contó repetidas veces su larga etapa como friegaplatos de un restaurante chino. Era un poeta poseedor de un estilo desgarrado con el que labró su obra casi en silencio. Ante la indiferencia, acudió desde muy pronto a la autoedición, convencido de que debía dejar impreso el corpus principal de su trabajo.

Desde su adolescencia estuvo vinculado a un grupo de artistas y escritores jóvenes de Camagüey que fue muy perseguido por la Seguridad del Estado cubano; pasó por largas detenciones e interrogatorios y fue finalmente relegado a trabajos que en la práctica eran un castigo hasta su salida del país, una vez que fracasó su primer intento en 1980 con la emigración masiva de El Mariel; su casa camagüeyana se convirtió entonces en refugio de artistas perseguidos.

Ya en Madrid, logró recuperar parte de su obra abandonada en la isla, y ordenó y reescribió las suyas y se esmeró en la conservación de las de sus compañeros de generación, entre ellos, Carlos Victoria, también prematuramente desaparecido. Con la llegada de Internet, David Lago se centró en tres blogs que mantenía muy activos y a la vez: El Penthouse de Heriberto, Indicios de desorden y Strawberry fields forever,desde donde mantenía a sus lectores informados de sus quehaceres con la materia poética, a la vez que sostuvo una ejemplar y vertical postura de oposición a la dictadura comunista que padece Cuba. En sus últimas voluntades dejó expresamente dicho que sus cenizas nunca debían volver a la isla y que su obra no se publicara allí mientras no hubiera un firme cambio democrático y desapareciera la égida de los hermanos Castro.

Lanzó unas peculiares ediciones propias, de carácter artesanal, que el propio Lago calificaba de “semiclandestinas”: la Colección Timbalito, donde Lago publicaba su obra y la de otros cubanos, tanto del exilio como de la isla. En Madrid sacó dos libros en la editorial Betania: Los hilos del tapiz y La resaca del absurdo. Sus últimas tres obras fueron Los sonidos del silencio (ensayo poético sobre la represión y el ostracismo);Memorias del Este y Old spice (estos dos de poesía), todos en la editorial Hoy No He Visto el Paraíso. Los manuscritos, libros, fotografías y otros materiales literarios de David Lago serán custodiados en la Cuban Collection Heritage de la Universidad de Miami.

 

 

En El PAIS

19 oct

David  Lago González
Camaguey, Cuba, Mayo 23 de 1950
Madrid, España, 17 de Octubre del  2011

Video de LUIS RUIZ

19 oct

Falleció el escritor y poeta David Lago González.

OCTUBRE 18, 2011
por Zoé Valdés ¡Libertad y Vida!

El escritor  y poeta cubano David Lago González falleció hoy en un hospital de Madrid. Cuba pierde a otro gran poeta, a un gran escritor, a un hombre de una gran sensibilidad. Yo pierdo a un amigo, estoy destrozada. Recemos por su alma.

David Lago González era asiduo lector, comentarista y colaborador de este blog. Administraba tres blogs: El Penthouse de HeribertoIndicios de desorden y Strawberry, fields forever, you know, the place where nothing is real.

El escritor y periodista Roger Salas es quien se está ocupando de todos los trámites en Madrid, quien cumplirá sus últimas voluntades.

19 oct

David Lago González (1950 – 2011)

Publicado el octubre 19, 2011 por Ladislao Aguado
David Lago González

El silencio es acojonante, como es acojonante la muerte misma.

Y lo interrumpen pocas palabras, muy pocos adioses.

Los medios están ocupados en sus farándulas personales. Y no hay ritos, ni homenajes, ni obituarios de artificio.

Todavía.

Pero en Madrid acaba de morir, para dolor de todos, uno de los pocos poetas vocacionales que le quedaba a la poesía cubana.

Ha muerto como la inmensa mayoría de los poetas, yéndose por una puerta falsa.

En Madrid ha muerto ayer David Lago González.

Sí, una víctima más de ese final lento y demorado que es el exilio, un daño colateral, un poema menos.

19 oct

http://ladislaoaguado.com/2010/12/02/david-lago-gonzalez/

David Lago González: el poeta que no existe

Ars Atelier, París, 2009. © Ricardo Vega

En los regímenes totalitarios lo primero que se corrompe es el lenguaje, advierte Octavio Paz. Por tanto, una sociedad que se comunica a través de palabras que han mutado su significado, deduzco, terminará escribiendo una literatura deteriorada y haciendo del oficio de escritor y de su obra, meras representaciones.

En primer lugar, porque estos autores y sus libros tipifican la irrealidad en que se ha tornado el lenguaje y sus prácticas, pero también, porque comparten con el poder un mismo valor semántico. Y el poder, sabemos, es excluyente. Por tanto, la literatura en el poder lo es de igual manera. Bajo las dictaduras se escribe para ellas o contra ellas, no hay tercera opción, salvo el silencio.

Poco después de 1959, la Cuba poética y revolucionaria —valga esta aclaración—, iba a encontrar en el conversacionalismo la forma más adecuada de cantarle al poder. Interminables poemas narraban las hazañas de los nuevos héroes, las miserias dejadas por la anterior dictadura, el sacrificio de los valientes, la resignación de los cobardes, la cotidianeidad de la vida en el país: sus fábricas nacionalizadas; las emulaciones obreras; la expulsión de los enemigos, los débiles, los desilusionados. Y el poder fue agradecido. Tanto, que hizo de sus cantores los únicos permitidos y de sus maneras poéticas (que de algún modo hay que llamarlas), las únicas efectivas. El resto de los poetas podía entretenerse, bien con las nuevas escrituras, bien con el mutismo. Al poder, ambas instancias, le parecían igual de razonables.

Y no nos llamemos a engaños. Nadar contra la corriente, en estos casos, termina por convertirnos en expulsados, en muertos o en prisioneros. En 1982, David Lago González (Camagüey, 1950) fijaba residencia en Madrid. En Cuba había sido picapedrero, administrativo, perseguido político, acusado de comportamiento antisocial y por supuesto, no tenía ningún libro publicado, ninguna mención en un concurso oficial, ningún artículo que hablara de sus versos, tan poco optimistas, tan enturbiados por el alcohol, la marginación, la soledad.

El exilio, si alguna trampa grande esconde, es la intemperie. Uno se debe a sí mismo y a la sobrevida con la misma devoción que a la poesía. Pero algo lleva a favor, el derecho individual a la palabra, a otra escritura. Así lo evidencia la poesía de David Lago González, un viaje permanente entre la evocación y el dolor, de la rebeldía a la burla, como un esmerado ejercicio de lenguaje.

Todos estos años después, nadie recuerda a aquellos poetas, tampoco sus versos, que con tanta abnegación les cantaron a los nuevos héroes, a sus hazañas, al esplendor socialista. Simplemente, se han perdido en el tiempo y pagan la peor de las penas que podían esperar, el olvido. Por suerte, nosotros tenemos los versos de David Lago González y nuestra memoria.

Poemas de David Lago González.

Réplica: León de la Hoz, «El poeta que sí existe».

19 oct

El poeta que siempre existió

León de la Hoz

No tengo ningún reparo al decir que David Lago es uno de los poetas vivos más sugerentes de la poesía cubana y, posiblemente, el que más incomodidad produce socialmente. Esa puede ser una de las razones por las cuales se le conoce mal y poco, ya que si los poetas han cedido en preferencia a los narradores, es menos probable que pueda interesar un “maldito” como Lago. Su poesía hecha contra corriente, malediciente a veces y maldecible por algunos, no consiente otra norma que la de su ética frente al conservadurismo de todo tipo, la represión política y los tópicos culturales que amenazan la libertad del individuo, y ese es uno de los valores más diferenciadores dentro del conjunto de la poesía cubana ahíta de complacencias. Bajo esa sombra compartida con sus poemas ha fabulado una obra particularmente centrada en sus ángeles y demonios, sin otro destino que no sea la sinceridad del diálogo del poeta.

Si en algún lugar quisiéramos poner a Lago acorde con esas rígidas teorías de clasificación académica, quizás no habría sitio para él. No pertenece a ninguna de las generaciones literarias establecidas por los estudios de la poesía cubana, si bien el poeta nació en 1950 y publicó su primer libro en 1994, en el exilio, después de haber salido en 1982. Tampoco su poesía, de la que tiene varios libros inéditos, es propensa a calificaciones según el uso. Menos mal que poesía puede vivir sin el aire viciado de las escuelas, y los poetas sobrevivir. Él está, estuvo siempre, en el otro lado del espejo donde complacientes nos mirábamos los poetas y también en la otredad conque la política cultural cubana lo condenó porque el poeta estaba fuera de lugar. Nadie, a no ser los amigos poetas, se ha ocupado de él. El poeta parece no haber existido, aunque siempre ha estado ahí para sus amigos y Gastón Baquero, que en 1994 mencionó, cualificándolo, Los hilos del tapiz (Ed. Betania), como uno de los diez mejores libros leídos durante ese año por él.

Una de las cosas que primero llama la atención en este poeta es su actitud desenfadada y hasta descuidada hacia la escritura; posiblemente más de un verso y un poema necesitaría aplicarle el cruel remedio de la amputación, pero como diría Borges, en contraposición a Mallarmé, la poesía es mucho más que palabras. En ese sentido, posiblemente este sea un poeta sólo comparable a Ángel Escobar: fuerza, tanta que a veces irrumpe con el dislate; incertidumbre, tanta que la vida parece un plano inclinado; desasosiego, tanto que cada poema es como un sacrificio. No obstante todo eso es conseguido con la más extraordinaria naturalidad y es una de las cosas que más llama la atención del lector.

Leyendo los libros tardíamente publicados en España uno puedo comprender aún más una época de la poesía y la cultura cubanas, allí donde sus contemporáneos escribían poemas optimistas, “revolucionarios” y conversacionalmente romos, según exigían las normas de lo políticamente correcto, él buscaba no sin tropiezos un lenguaje diferente que primero fue próximo a Orígenes y por ese motivo lo condenaba al silencio. Luego, cuando el conversacionalismo comprometido era un cadáver que se enfriaba rápidamente, se apropió de la narratividad de esa poesía para contarse a sí mismo. De ahí que sus textos hayan devenido en narraciones autobiográficas y al mismo tiempo en testimonios de la inadaptación y la represión política padecida en su propia carne. No hay poeta que haya contado mejor el sentimiento de frustración, el desasimiento social y el dolor ocasionados por la política absurda y la represión a lo diferente, fundamentalmente durante la década de los años 70 en Cuba.

Con su poesía, David Lago salta por encima del cadáver de su generación biológica y se instala en un devenir, que no es el vacío neovanguardista o postmoderno de la poesía de los 90 que espantada de todo huye de sí misma, ni es tampoco la crítica reconciliadora de los 80; aunque, no obstante, toma de todas partes y adapta cada calzado a sus pies y al camino que quiere andar: La anécdota y el tono narrativo; el equilibrio entre la imagen poética y la prosa que a modo de versículos nos ofrece en gran número de poemas; el sarcasmo y la ironía como filosas tijerillas de descoser; la intertextualidad y sobre todo la que se produce a nivel de contextos culturales (obras cinematográficas, musicales, países con escenarios diversos); el indiscriminado uso de vocablos “antipoéticos” y de uso común; la beligerancia en cuanto al punto de vista; la apelación provocadora y, no menos importante, la actitud reflexiva del poeta.

Estos son algunos aciertos o desaciertos de poéticas revenidas de las que Lago hace una síntesis, cuyo mejor resultado es mostrar una poesía plena de excelencias y sobresaltos que a nadie deja indiferente. No importa que la corona del poeta no sea de laureles, sino de espinas, y que con ella no le dejen subir a los podios de los concursos ni pasearse por palacios, ferias y festivales. Él siempre estuvo y estará para recordarnos un hombre como cualquiera que sufrió, gozó y soñó para luego contarlo porque ese es el destino de los sobrevivientes, la verdadera generación a la que pertenece.

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