MALDICIONARIO- MARGARITA GARCIA ALONSO

MALDICIONARIO

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La llaman impúdica porque a cada verso se desnuda y se humilla hasta el pudor ajeno, ¿pero desde cuándo la vida o el amor ha sido algo limpio, que no manchara?, la vida es impura, impúdica e indecorosa. Maldicionario, es más bien el diario de aquella que se siente maldita, una mujer que ‘Nunca había gustado la frutilla que crece en los barrancos, antes de ver sus ojos’

“Sedición e indisciplina Aans./En Grecia y Roma al cruzar las aceras me ataban  tablillas de plomo

estaba marcada al rojo ceniza de la tarde. Frente al mar Egeo, me convertía  en Areteo,

maldiciendo cualquier  ruina. Tu lo recuerdas,  lo dije bajito  cuando te asesiné”

¿No oyen en estos versos la universalidad de lo humano? Para los de cultura ignota avisaré que las tablillas de plomo se usaban en Roma para los conjuros y las maldiciones. Es la maldición de la fragilidad humana, fragilidad que sucumbe a cualquier mal, pues no tiene un lugar propio en el universo, ha de hacérselo; y Marga, como tantos otros, lo creó en torno a otras fragilidades como es amar al que del mismo barro ha sido hecho.

Javier  Guzmán Simón

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Apología de Margarita García Alonso

Por Javier  Guzmán Simón

Ilustrísimo Presidente D. Miguel de Cervantes e ilustrísimas señorías, próceres de esta República de las Letras: hablo en nombre de Margarita García Alonso, para muchos de nosotros simplemente la Marga. Ya han escuchado el alegato conjunto de los que demandan la expulsión de Marga de esta única nación verdaderamente libre y verdaderamente justa. Y puesto que confío en las conciencias y honestidad de sus señorías, me dirijo a su absoluto sentido de la piedad, porque este alegato, esta envidia para con Marga se debe a la iniquidad y a la impiedad… Sí señorías no se me revolucionen, pues en silencio escuché su alegato. Como decía, la iniquidad y la impiedad de los ‘pagados de sí mismos’, de ‘los constructores del verso puro’, de ‘los mojigatos ganadores de rentas y premios de poesía’, de ‘puristas y decentes poetas’…

Gracias Señor Presidente por poner orden a este guirigay. No voy a hablar yo, no voy a defender a Marga, lo va a hacer ella a través de sus versos, sólo pido que escuchen su voz y dictaminen en justicia y piedad lo que más oportuno crean, puesto que los cargos del anterior alegato se hayan manipulados y no entienden el corazón que palpita tras sus versos, yo sólo quiero que lo escuchen.

Lo primero de que acusan a Marga es de no hacer poesía, ¡Maldita sea mi estampa! Que venga Eratw y nos diga qué es poesía lírica, sino la expresión músico-poética de un corazón. ¿Acaso va la musa midiendo versos para ver si encajan es sus estúpidos endecasílabos, si es soneto o ‘sonite’? No sean tan hipócritas: cuando Boscán y Garcilaso introdujeron el soneto en España eran unos italianizantes; cuando Lope de Vega rompió la comedia clásica, ¿no era un iconoclasta de la perfección clásica?; cuando Leandro Fernández de Moratín la volvió a instaurar ¿no era un afrancesado? No estoy diciendo que la poesía de Marga vaya a quedar en nuestro Olimpo, pero que tiene todo el derecho a ser conciudadana nuestra, no me cabe la menor duda. ¿Qué no se ajusta a sus cánones?, claro que no, porque se hayan muertos y enterrados, y ya hieden. Pues ninguna buena poesía ha tenido cánones, sino que los ha construido.

Lo segundo de que la acusan es de no escribir con una intención de arte puro, el verso por el arte, hermanos de pluma, que levante la mano quien hace eso, pues ese sí debería ser exiliado. Escribimos porque existimos, existimos porque sufrimos, sufrimos porque vivimos y vivimos para escribir. Sí, Marga, como todos, conjura fantasmas con sus versos cual hechizos contra los malos espíritus, porque como a todos, nos duele existir.

También la acusan de romper el sujeto poético, ‘el vivir en los pronombres’ de Salinas, pero para qué queremos los pronombres si el amor y su poesía tienen uno muy claro, ‘yo y Aans’.

La llaman impúdica porque a cada verso se desnuda y se humilla hasta el pudor ajeno, ¿pero desde cuándo la vida o el amor ha sido algo limpio, que no manchara?, la vida es impura, impúdica e indecorosa. Estoy segura que odiará que cite a uno de los próceres aquí presentes, pero la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero; dice el prócer Silvio Rodríguez: en su canto Tocando fondo ‘si uno no se desnuda se transfigura en reto todo lo desnudable’. Coloreen Usías la verdad con la acuarela que quieran, siempre habrá un gris que les estropee el verso, pues la vida mancha, aunque mucho menos que su pureza putrefacta, blanqueada por fuera, con el sepulcro en forma de cruz, pero corrompida por dentro.

Estos son los cargos que refutaré si escuchan conmigo su Maldicionario, y dejan que les enseñe lo que yo veo, y cómo lo veo. Es muy posible que a los mojigatos ya les enfade su título, no les falta razón, pero se equivocan si creen que se trata de un eterno glosario para la maldición de Dios, se trata más bien del diario de aquella que se siente maldita, condenada a su sufrimiento, una mujer que ‘Nunca había gustado la frutilla que crece en los barrancos, antes de ver sus ojos’, está diciendo que hasta ahora no había sentido toda la desesperación que podía llevarla al suicidio, pero Usías, célebres próceres, no ven más allá de sus anteojos, ni entrelíneas podrían leer.

Cuando me violó el hombre sin rostro,

en horizontal posición cerraba mis ojos, tapaba mi boca

acompañaba la tarde con el chirrido de la sabana.

Yo menstruaba por el ojo de la desolación.

Mi padre tendido en la tarraya

alcanzaba incomprensibles mulatas y mi madre

había desaparecido al amanecer tras la puerta.

No necesito decir que me ha dolido y toqué madera. […]

¿Imaginas como era de niña? […]

Tú no tenías apuros en nacer, yo emborrachaba las neuronas,

te engendraba en l’eau froide, el agua fría.

Tenía que encontrarte, yo que no amé al santo, al poeta, ni al peldaño

sufría la decadencia frente a un espejo,

que me mataras sustituía el suicidio de verme. […]

había sexo, y silencios. […]

Aclaraba “es un invento”,  lo creía preferible a no haberte encontrado. […]

La sensualidad francesa me ha servido de estorbo,

empieza con ella la corrupción del estilo,

cierta frustración hambrienta de embestidas

en la  isla sudorosa que grita endecasílabos

en asimétricas camas destartaladas, sabanas rotas,

esquinas oscuras, en caderas y falos predestinados al paraíso. […]

ofuscaba la cercanía. […]

Observen, en Schiller soy cada vez mas objeto, cada vez mas indigna. […]

Quién no va a fumarse un cigarrillo con tanta pena.

Por virtud y gracia del hundimiento alcanzo el extremo deterioro.

Extenuada defino que entre al mundo para matarme en tránsito

de brazos que no cierran, de amantes que no tocan,

de labios contraídos, de bocas que combinan

frases purgatorias.

Tú no estás en la ausencia, en el pasado punteaba el lecho

de tupidos brebajes, soy la sobreviviente de químicas oscuras,

el  estorbo, el aire  de montaña que ahoga la ciudad

levemente drogada de fétidos paseantes.

Este es uno de los poemas que ofrecen los acusadores apoyando su argumentación. Dicen que su verso es lánguido y lacio, excesivamente intenso. Permítanme una pregunta ¿Desechan Usías la palabra de Dios porque es intensa y complicada? Su verbo no es fácil, nunca lo será, porque nunca es fácil hablar de un dolor tan íntimo… ¡Señorías! … y sí afirmo que sus versos tienen la profundidad de la palabra de Dios… que quieren quemarme por hereje, háganlo, así confirmarán mis más terribles sospechas: que la república de las letras está muerta.

Sus Señorías conocen perfectamente el sentido hebreo del concepto de palabra. La palabra es la esencia, es la promesa, es el conjuro; es el Golem, la historia de un cabalista loco que consiguió dar vida introduciendo un papel con las palabras de la vida en la boca de un ser de arcilla. La palabra obra como el rocío, cala aunque sea desdeñable, y si es de Dios se cumple, puesto que la palabra de Dios da la existencia y la quita. Esta es la razón de la profundidad de sus palabras, puesto que no parlotea como un loro, sino que habla de esencias metafísicas.

Ella le hace una pregunta a Aans: ‘¿Imaginas cómo era de niña?’. Y yo le puedo responder, que no hace falta que lo imagine, que la veo acurrucada y apocada tras sus versos, buscando unos brazos que cual Deus ex machina la saquen del asustado escondrijo que tiene debajo de la cama. Como niña siempre anhela una realidad que nunca llega, la que hay se le queda pequeña, sabe a las colillas de un cenicero, es rancia y mohosa; y siempre espera un mañana soleado que nunca llega.

Dicen también que sus versos no son teatrales, en concreto un bufón ha dicho que tienen la teatralidad de una berenjena bailando guaguancó… Señorías, no le pidan a Dios que baile el vals de las esferas… Y por fin ‘los sonetistas de la cerrazón perfecta del poema’ la acusan de no acabar sus poemas. Señores, la poesía no está hecha para abundar en los mitos, sino para ahondar y hacer sentir la interioridad que cada uno llevamos acuestas.

Escuchen a la maldita:

¿Hubo esterilidad, suicidios, hundimientos?

Alguien debe ser la causa de mis genes mal puestos.

El himen de mi madre fue arrasado bajo el murmullo de comadrillas.

¿Es qué sangró por todas?[…]

¿Por  qué solo fueron setenta años de encuentro?

¿Qué leyó en la Tora el día de mi nacimiento?

Mi hija delicia con la uña, hinca mi ignorancia,

de sucesivas sé que es grave la tripa,

¿quién nos dejó escondites en las entrañas?

¿Quién me ha marcado este amor complejo, estos desalientos?

Me encuentro impaciente de nominar culpables.

He sido penetrada por sucesivas enredaderas,

anduve sola traduciéndolas, traduciéndome

a una lengua extraña, incesantemente en dudas,

vaciando palabras, contando letras.

¿Acaso no lo ven? Al igual que el antiguo judaísmo entendía el mal físico, como una respuesta al pecado del impío; Marga les pregunta a sus ancestros qué atroz pecado cometieron para que se cebara en ella generación tras generación, hasta los hijos de los hijos de los hijos y sus tataranietos. Se siente inocente de pecado, y como aquel ciego que a Cristo llevaron, pregunta: ‘tengo el alma deforme de nacimiento, ¿quién cometió el mal, yo o mis padres?’ Pero su mal no es físico, sino moral, si fuera impía aceptaría su castigo; mas su pecado es sólo haber nacido.

Huidas

No me he hecho, me han hecho”. Goethe

Huí de la palabra que doma,

del frasco en que piensa la gente,

del murmullo que desmiembra si mi nombre no parece

en la sección de conocidos locales,

autorizados o negados poetas que chocan dientes

en el  interior de pequeños embases  donde depositan la herencia.

Huí del campo donde jamás asenté cabeza

en  noche silenciosa, sin grillo, luna,

huí de donde perdí el gusto por la charla,

enfondada en  botas de cuero rustico, enlodadas

por la marcha en el bosque, vi el reflejo

de todo lo que vendrá al humano.

Hui de mi apego a rumiar pasiones despiadadas,

huí de mi madre que cuenta el pulso,

desde la sombra me retiene en muchacha.

Huí de mi hija, hui pavorosa arrastrando el mantel,

la alivié de mi inútil presencia con mi

carreta desvencijada por los viajes que no puedo hacer

a cierta isla, y los largos inviernos.

Huí de las cajas repletas de cartas,

veinte años de exilio en sobres amarillos,

sellos de mariposas de un país que  encierra

al Hombre en un friso que nunca acaba.

Huí del indolente, del acuchillador

con la herida  redonda del ombligo

la  tripa colgando, enredándose  en los caminos.

Huí del pasajero incierto que toma vino

en la despedida aclaré que no hago promesas.

Huí de mí que era la muerte y la escasez

de recursos.

No existe aún  una sola razón para quedarme.

Y su huida es como la historia del hombre, como la historia de la metafísica, ir hollando caminos que violentan el cosmos, para huir de sí mismos.Permítanme recordarles unas citas de Heidegger, que en Einführung in die Metaphysik[i] comenta el primer canto del coro de la Antígona de Sófocles como auxilio para comprender el fragmento de Parménides Nº 5: ‘la percepción y el ser son recíprocamente correspondientes’[ii] en el que de alguna manera se halla implícito el Hombre y donde más explícitamente se entiende cómo es éste de quien se habla:

Muchas cosas son pavorosas; nada, sin embargo,

sobrepasa al hombre en pavor.

Él que se pone en camino navegando por encima de la espumante marea,

en medio de la invernal tempestad del sur,

y cruza las montañas

de las abismales y enfurecidas olas,

él que fatiga el inalterable sosiego

de las más sublime de las diosas, la Tierra,

pues año tras año,

ayudado por el arado y sus caballos,

la rotura en una y otra dirección.

El hombre, caviloso, enreda la volátil bandada de pájaros

y caza los animales de la selva

y los que viven en el mar.

Con sus astucias doma al animal

que pernocta y anda por los montes.

Salta a la cerviz de las ásperas crines del corcel

y con el madero somete al yugo al toro jamás dominado.

El hombre también se acostumbró al son de la palabra

y a la omnicomprensión, rápida como el viento,

y también a la valentía

de reinar sobre las ciudades.

Asimismo ha pensado cómo huir

y no exponerse a las flechas

del clima y a las inhóspitas heladas.

Por todas partes viaja sin cesar; desprovisto de experiencia y sin salidas,

llegó a la nada.

Un único embate: el de la muerte,

no lo puede impedir jamás por fuga alguna

aunque haya logrado esquivar con habilidad

la enfermedad cargada de miserias.

Ingenioso, por dominar la habilidad

en las técnicas más allá de lo esperado,

un día se deja llevar por el Mal,

otro día logra también empresas nobles.

Entre las normas terrenas y el

orden jurado por los dioses toma su camino.

Sobresale en su lugar y lo pierde

aquel que siempre considera el no-ser como ser

a favor de la audaz acción.

No se acerque a mi hogar en confianza

ni confunda su divagar con mi saber

quien cometa tales acciones.[iii]

El hombre es lo más pavoroso, es lo más terrible en el sentido de un imperar que somete, que produce pánico, angustia e intimida. En un segundo sentido es la violencia (Gewalt): El empleo de la violencia es un rasgo fundamental de su existencia. En el primer sentido antedicho, es el ente en su totalidad lo que impera causando pavor. En el segundo sentido es la violencia del hombre la que causa pavor cuando permanece esencialmente en el ser. A causa de su quehacer, usa (y abusa) de su violencia contra lo que lo somete. Lo Um-heimlich[iv] es lo que nos arranca de lo heimlich[v], de lo habitual e inofensivo, esto es, de nuestra propia tierra. Aquí es donde reside el caráter de sometedor. Mas el hombre se pone en camino y transciende los límites en su vivir esencial en lo pavoroso.

Por todas partes viaja sin cesar; desprovisto de experiencia y sin salidas,[vi]

Aquí es donde se desenvuelve realmente su esencia, en que se abre camino siempre, en todos los dominios del ente, y por ello, por enfrentarse al imperar que somete, es arrojado de todos los caminos, llegando a su único puerto: la nada.

Upsipolis ápolis. La Polis es el lugar de lo político, de la historia, el lugar de la creación y la técnica; por ejercer esta violencia deviene en ‘sin ciudad’ ni lugar, sin salida, sin norma ni límite, sin construcción ni orden, porque en cuanto creadores han de fundar ellos en toda ocasión el lugar para su historia.

La transgresión y la rotura: el mar y la tierra, se atreve contra la furia de la tempestad e irrumpe violento con su azada en el indestructible imperar de la tierra. El lenguaje y las pasiones: sólo se someten al hombre en lo ajeno a su esencia, haciéndole permanecer fuera de sí. Éste aceptó la fuerza sometedora, y mediante ella se encontró a sí mismo como transgresor. La violencia abre caminos, pero le porta a la in-esencia, que carece de salidas; sólo fracasa ante la muerte. Todo esto no es más que la Techné (Técnica) en el particular sentido que se le da como saber: esta actitud violenta, la fuerza sometedora por la sapiente conquista del ser. Diké (justicia): entendido como ensamblaje y como disposición, esto es, lo que impone adaptarse y ajustarse, lo justo que ajusta, se adapta el imperar:

El que actúa con violencia, el creador, el que avanza hacia lo no-dicho, irrumpe en lo no-pensado; el que fuerza el acontecer de lo no sucedido, y hace aparecer lo no-visto, este autor de la acción violenta, siempre está expuesto al peligro. Al atreverse a sujetar el ser, tiene que correr el riesgo de los embates del no-ente, de las rupturas, de lo inconstante, de lo desajustado y de los desajustes.[vii]

Sé que odian profundamente la filosofía desde que un tal Platón nos borró de su censo, pero olvidan que los poetas éramos también para él seres divinos, y nuestras palabras, las palabras de Zeus. De vez en cuando no les vendría mal revisitar viejos pensadores para que su verso no quede yerto y aburra. Volvamos a esta maldita que sí los revisita con frecuencia:

Katadesmoi (ataduras en griego)

No  oigo la voz de Yahveh  a menos que se asemeje

al pecado de sus ojos

El cuchillo de Nikos Kawadies oculto,

si digo una sola palabra sensata o aceptada por el verso

remodelo mi seno.

Sedición e indisciplina Aans.

En Grecia y Roma al cruzar las aceras

me ataban  tablillas de plomo

estaba marcada al rojo ceniza de la tarde.

Frente al mar Egeo, me convertía  en Areteo,

maldiciendo cualquier  ruina.

Tu lo recuerdas,  lo dije bajito  cuando te asesiné.

¿No oyen en estos versos la universalidad de lo humano? Para los de cultura ignota avisaré que las tablillas de plomo se usaban en Roma para los conjuros y las maldiciones. Es la maldición de la fragilidad humana, fragilidad que sucumbe a cualquier mal, pues no tiene un lugar propio en el universo, ha de hacérselo; y Marga, como tantos otros, lo creó en torno a otras fragilidades como es amar al que del mismo barro ha sido hecho. Sometidos a toda minusvalía física, a todo mal moral, y al mal más radical: la muerte. Escuchen uno de sus mejores textos, que dicho sea de paso no es poesía, sino prosa simbólica y poetizada:

El síndrome de Groenlandia

[…]

Miedo a escuchar, ahí va la loca. Miedo a los harapos, miedo a su miedo, a las miradas, a las palabras. Miedo a un poeta que le regaló su muerte.

Miedo al temblor anunciador del vértigo. A la ventana entreabierta y al sol desvergonzado acariciando sus hombros. A las aceras en sombra; a los pasantes que ríen despreocupados, cuando algo puede acecharles……a los relojes suizos; a los relojes eléctricos que parpadean cuando se va el flujo; a la televisión que adormece el tiempo, al canapé confortable con su lienzo mal acodado y sus tripas afuera, sangrando por las pezuñas de los gatos… a la frase común deshabitada; a la insinuación, al desvarío. Miedo de escuchar, escuchándose.

Al monólogo ignorante del susto. Al suicida que aplaza el día hasta que perfeccione al extremo el cierre de la cuerda. Miedo a la cuerda que amarra, a la metáfora de los lazos del zapato que le recuerdan las cárceles donde no son permitidos.

Miedo a las escupías que dan sed y deshidratan. Miedo al vomito, a la sangre, al esperma, a la orina, a la mierda que conoce mejor que ella los conductos, recovecos, interacciones entre el exterior y ese interior decorticado por los médicos, y los aparatos de resonancia magnética. Esa inmensa mierda en forma de nostalgia y ausencia de los exiliados.

Miedo al ciclón, no por el destrozo, miedo a su ojo calmado que cubre como un techo la cabeza asustada. Miedo al después cuando se aglomera, se acelera el movimiento, a la reconstrucción.

Miedo a pasar por las aduanas donde extraños, desde peceras, visualizan documentos de poco estima, de poca narración de causas. Miedo a esas puertas de aduana donde chillan las llaves de la casa que ha dejado atrás, a la que nunca regresará; a los que dan la bienvenida al nuevo infierno.

Miedo al mediodía que se va rápido, al atraso, a preparar la cena para cuando lleguen los que incursionan entre inútiles recetas de dantescas oficinas.

Miedo al ruido de una palabra que condene, juzgue, que marca.

Miedo al dentista disfrazado de mudo, espejo en mano, atareado en desenmarañar de la úvula las palabras, la lengua ensalivada. Miedo al líquido mentolado que transforma el aliento en cachorrillo domesticado, mientras el médico exige cheque.

Miedo al beso que entrechoca los dientes, miedo a la mordida que no sangra y envenena los labios. Miedo al tren expreso que enfila por la mente y todo sea olvido, polvo de olvido, olvido de muerte.

Miedo a la muerte por sorpresa, a que no sea atroz ni enigmática. Solo un sueño y desilusiones permanentes. Enorme miedo a padecer miedo, tanto agobio, incertidumbre vana. Tanto cuento, como si no supiéramos que basta dejarse ir, dormir en el vientre de la madre, abandonarse al ruidoso, ambicioso, estremecido corazón que se va apagando hacia una  noche silenciosa, infinita.

Miedo al día, nunca a la noche. Miedo al reflejo, nunca al puñal. Miedo de necesitar al otro. Miedo a ser otro y serlo e ir padeciendo la mediocridad como si fuese una fina espuela en la lucidez.

Miedo al comentario sobre el cáncer y no al humo que asciende, a la nicotina que amarilla el índice. Miedo a la escasez de tabaco en un día feriado, los estanquillos cerrados, el bolsillo vacío.

Miedo a la tinta que gotea de la pluma y traza dibujos y presagios en la carta temblorosa de las verdades.

Miedo a borrar el olor  del amante, de cada bandido que arrebata. Miedo a confesar  públicamente la penetración osada de un dedo en cierta vagina hambrienta de golpes secos. Miedo al falo, casi temor a su ausencia y denunciar que es  ignorante de las letras que acompañan los ovarios.

Miedo al café del alba, a las llamadas telefónicas, al conocido que pregunta ¿qué haces el sábado? para empantanarte durante horas con un sinnúmero de conflictos tribales de los que huyes a diario con una soledad importante.

Miedo a que se vea que tienes miedo o que tendrás en el minuto siguiente. Miedo al desespero, a la espera, a las filas de espera, a los grandes comercios. Miedo al fuego, al frío, a que se asemejen los sentidos y no sepas cuando duela.

Miedo a las luces blancas de los hospitales, sobre mercancía humana, bien empaquetada para los trepanadores de cráneo de todas las ideologías. Miedo a los aparcamientos subterráneos, al metro, a la caída en los rieles, al túnel que traga. Miedo a la cabeza que da vueltas. A las piernas que flaquean, a la flojera de la angustia, al mal de cabeza, a la orden, el autoritarismo, a la sed que se extiende en la garganta.

Miedo al oculista, al proctólogo y su dedo, a mojarse en la consulta del ginecólogo, a que se vea que vas a desmayar. Miedo a las corridas de toro, a las cacerías donde corre la sangre. Miedo a los viajes, nunca ir, más bien a no querer regresar. Miedo a la emoción que mueve arrítmicamente el corazón y palidece, sin saber, si compartes cabina con un terrorista que saltará junto a la carga mortal.

Miedo a la vejez, a los pesados, a la carencia, a la letra recomendada, a la falta de papel, tabaco, filtro para hacer un cigarrillo donde chupar recuerdos.

Miedo a llamar a la  madre y saber que ha muerto otro en la isla. Miedo a los mendigos que juzgan, a sus respiros que matan. Miedo a decir, a callar. A las buenas personas, a ser, no ser, a ganar, a perder. Un miedo totalizador que invalida.

Miedo a los amigos que se acercan y se pierden de forma violenta. Miedo al vientre que se infla de aire, de agua, de excesos, de grasa, de semen, de embarazos vitales.

Miedo a la pulsión de muerte en cada balcón de un cuarto piso, en cada andén…y caer en la vida. […]

Más de alguno de ustedes recordará ese tono que hace alrededor de noventa años llenó la literatura y la cultura de locas quimeras, de miles de ‘manifiestos’ dadá y surrealistas. Este es el manifiesto que inaugura un milenio, el nuestro, el XXI. Al igual que los anteriores casi centenarios una palabra se repite incesante, antes era ‘aullido’ de libertad, de masacre, de sangre, de razón; el de nuestros tiempos tras el 11 de Septiembre y 11 de marzo en Nueva York y Madrid, la palabra que se repite es ‘miedo’, al miedo, a la vida, a la posibilidad de la muerte. Una existencia que se puede resumir en ‘temo, ergo sum’.

lamismaletania

quéfuerzahayquetenertodoslosdíasparanotomarelatajo,yseguir

enestecaminodondeherotocadapiedrayunlechodearenamehunde,

peroesellechomio,desdedondeelenormecaballodemiinteriormiraalnohorizonte,

conlasecretapacienciadequeencontraralaspalabrasadecirantesdeeliminare

ldestrozo,delimpiartodoloqueda,tanpocoes,yquedar,sinremedio,

quedarsinelquesehaido,quedarenotrapielvacia,secaporelamorque

fuementira.lamismaletania

Un miedo que ha paralizado las manos y farfulla continuo, por si al callar dejara de ser el mundo. Es uno de esos que nos persigue como nos busca lo Santo, lo absolutamente otro, lo absolutamente desconocido. Sólo como Dios es capaz de acosarnos.

Acoso

Me han acosado mis padres, nunca conocieron mi pobreza,

me soñaron otro destino.

Me han acosado los amigos,  juraban por la piedra

que iba arruinando con absoluta franqueza.

Me ha mal entendido mi hija que esperaba

verme en el palco aplaudiendo a quienes aplaudían.

Me ha soportado Aans, bautizando con quejas horas infinitas,

por mucho que él me amara yo envejecía.

Me he mal amado dando, dando consuelo,

desaparecería donde no pudiera hacerme caso.

Por desgracia sólo conozco a Marga por su verbo, ojalá algún día quiera Dios o la casualidad que nos crucemos y pueda abofetearme por desnudarla un poco más de lo que ella ya lo hace en estos versos.


[i] Heidegger, Einführung in die Metaphysik, Max Niemeyer, Tübingen, 1998.

[ii] EM p. 135.

[iii] EM pp. 136-137. Usamos la traducción alemana que hace Heidegger del griego, hacerlo de otra manera carecería de sentido para conocer qué es lo que entiende de esta primer coro.

[iv] Lit. Inhóspito.

[v] Lit. Hospitalario, hogareño.

[vi] EM p. 136.

[vii] EM p. 148.

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Excelente este MALDICIONARIO, de Margarita García Alonso, en donde se mezcla el tránsito de las épocas y las generaciones, con la personalidad múltiple de una poeta, que vive, sueña, piensa, llora, grita, gime y se maldice de vivir y confundir la muerte con la sobrevida. Estamos frente a un espíritu denso, conflictuado y de sangre bipolar, que va moldeando las historias individuales y colectivas, como una amalgama de presentes ausentes, que hacen su viceversa, en donde la lejanía se hace cercana presencia de soledades aprehensibles y perfectas, para entregarse al acto humano de vivir y morir por sus ideales, por ese amor que se presiente, en su profundo desamor, en su furia arrebatada de apegarse a lo inocuo y a lo eternamente nuevo, como un piedra que rueda, y cada vez que lo hace, maldice su imperfecta redondez, alcanzada tan sólo, por ese perpetuo caer y levantarse en cada cuesta, que nos cuesta, pues nos aferra al cielo-infierno de esta tierra, en que una mujer es el colmo de la saciedad social, y de la sucia sociedad, porque peca, de una vez y por todas, con todos los demonios que la invaden y genera. Es el diario amortecer de una creadora sin precedentes, con su estallido de palabras, embarazada de inocencia y tremebundez, cual una sibila que experimenta parir, frente a todos los hombres y féminas, su conquista de la palabra de Dios y del Diablo unimismados, única y púnica, rebelde e inconexa, trashumante y profética. Te felicito Marga por este hallazgo literario, al igual que a Javier Guzmán Simón, porque logró adentrarse en un verdadero puzzle de tu psiquis poética, desmembrando tus parajes y existencias, más allás de los seres y leyendas desvividas, que has habitado y compartido, con tus disímiles yo líricos, atravesados por un solo vientre origenista, apresados y expresados, con harta candidez y fiereza al mismo tiempo. Un abrazo y saludos, Josán Caballero.-Abracalibro International Publishers

Monday, July 19, 2010

Me consta, Maldicionario, una forma de decir sobre la búsqueda.

Por Juan Carlos Recio

Hay muchas formas de acercarse a una persona, aunque físicamente esté lejos, hay otras miles de mirar a su corazón, porque un misterio de fuerza nos ilumina a esa curiosidad. Otras veces mientras conocemos qué piensa el otro, cómo se proyecta, por las cosas que sus manos son capaces de brindarnos, un rostro, un sentido de pertenencia. Cuando ocurre es como encontrar un tesoro que no presume de piedras preciosas o de espinas, lo que importa es que no sea un invento.

Esto me acaba de pasar con Margarita García Alonso, cuando un libro suyo de poesía llegó a mi correo. Hasta ahora solo había visto todo lo visual de sus pinturas, todo el color que pone, a veces a la rabia, o mejor a la emoción de vivir, para ser amada, o para que se sepa de dónde son los cantantes y “otras”, más controversial y veloz que la luz de un relámpago.

Pero, yo casi nunca escucho las palabras buenas o malas que se lleva el viento, vengan de donde vengan; prefiero buscar en lo que se ofrece ante mi vista, en esa forma visionaria de entender a la persona, no por una afinidad, un gusto, un talento, ni otra razón demasiado predecible, prefiero el reto de llegar más lejos, o más cerca, o más profundo, según convoque a pensar, según me inspire o me devuelva ese jugoso matiz sin inocencia, que el buen arte, el verso bien escrito, hace mucho más ruido que cualquier ventolera.

He vuelto a releer Maldicionario, porque sin la malicia de un hechizo u otra cantidad de palabras que pudieran como una pedrada, darnos, justo en la conciencia, Marga arriba a la soltura que solo la libertad de su yo, y una presencia bien intencionada, del verso, el dominio de quien sabe encontrarse en la forma de decir, y donde inconcientemente nos hace parte, de esa búsqueda incesante de retratar estas historias, que lejos de la ficción, -aún si parecieran- nos tocan con mucha fuerza, con una gracia que también sabe encantar:

He sido penetrada por sucesivas enredaderas,
anduve sola traduciéndolas, traduciéndome
a una lengua extraña, incesantemente en dudas,
vaciando palabras, contando letras.

Aquí arribamos después que nos dijera:

Como el río tajante, no el afluente ni el remanso,
como el caudal de agua arribo a la edad donde todo es permitido.
Pez con pluma sumergido en la tinta del desvelo
mancha negra y amarga la lengua.
El “caso” es feo-dice San Juan-
en la montaña presiente que volverán los elementos.
La copa de los árboles desciende a mi mano,
el ramaje, la evaporación subterránea me ilumina

De modo que su tono y ritmo se mantienen, en esa disposición donde se alinean los astros y como el resplandor del cielo, ella va confesando su amor incondicional, sus pérdidas, las comparaciones de tiempo-espacio-lugares-recuerdos-existencia y una manera de vivir que ha sido y es capaz de provocar esta catarsis.

Una mujer así, con todas las vestiduras que se quita, para mostrar sus cicatrices sin complejo ni culpa, es tan bella como una amenaza, y juro que he visto esa belleza que puede arrástranos en la calle, semejante al agua que violenta una raíz, que sale con su porción de tierra, como a veces ocurren dentro de las dificultades, que también provoca la tempestad cuando se avecina, o una mujer que tiene bien puesto su corazón bajo la piel, que se atreve a contarnos todas las verdades que se necesita para llegar a conocerla:

Dibujo de Zaida del Río
Heme rodilla hincada cuando arriba la ahogada.
Heme promesa de aceituna, el centro escondido y duro.
Heme campo de trigo, irreprochable
cuerpo ceñido al paso, hasta la hormiga.
Cuando me violó el hombre sin rostro,
en horizontal posición cerraba mis ojos, tapaba mi boca
acompañaba la tarde con el chirrido de la sabana.
Yo menstruaba por el ojo de la desolación.

En ese campo donde su cuerpo poético me deslumbra, también la he visto como una espiga contra el viento, apasionada y tierna, y por qué no, escapada de todo lo que tal vez devuelva una imagen que teme a la zozobra:

Huí de mí que era la muerte y la escasez
de recursos.
No existe aún una sola razón para quedarme

Aunque también, con esa música de las palabras donde se proyecta, madura y fuerte desde su voz, que es hija-esposa-amante-exiliada, otra razón de peso me conmueve:

Hubiese podido quedarme si no fuera por mi frágil
corpulencia y esa antigua seducción hacia el desastre.
Heme de regreso al hueco de la aguja,
cabeza de alfiler donde las brumas queman,
los mediodías son plomizos lamentos
las tardes deshacen el mundo,
la noche aterra.

Así como un pincel y muchas caras, pueden desarmar los cuerpos que tal vez se oculten en las manchas de lluvia, que tienen la ilusión de los encuentros reales, como insectos que podrían alimentarse de nuestra sangre, Maldicionario, nos pica esa desazón donde no entran los claros-oscuros o los negros intensos de una inutilidad o desarraigo, todo lo contrario, sin ser el bien o el mal, la autora no predice lo que cuenta, ella prefiere ser un testimonio elocuente, de una espiritualidad muy diversa, dispuesta también a hacerse constar.

Hago constar

He escrito mucho y publicado nada.
Al abandonar la isla temí no tener derecho a la palabra,
me habían borrado poco a poco el poro y la saliva.
Debí aprender, con urgencia, otro idioma
no encontré a nadie, en esta ciudad brumosa, con cuatro libros.
Padecí el síndrome de Groenlandia.
Pedí consejos, toqué puertas para pertenecer a un grupo y no se abrieron.
Descifré que la loca quería salir al mundo.
Desde hace meses lo intento y os maldigo.
He venido sola.

Juan Carlos Recio
NY/ Julio 16 del 2010

_____________________________
Maldicionario
“El gran cansancio de la existencia no es más, tal vez, que el enorme trabajo que nos tomamos para ser razonables durante veinte, cuarenta años y más, para no ser simple y profundamente uno mismo, es decir: inmundo, atroz y absurdo. Una pesadilla, tener que presentar desde la mañana hasta la noche un superhombre, como un pequeño ideal universal, al subhombre claudicante que se nos ha dado.”
Céline.
Como el río tajante, no el afluente ni el remanso,
como el caudal de agua arribo a la edad donde todo es permitido.
Pez con pluma sumergido en la tinta del desvelo
mancha negra y amarga la lengua.
El “caso” es feo-dice San Juan-
en la montaña presiente que volverán los elementos.
La copa de los arboles desciende a mi mano,
el ramaje, la evaporación subterránea me ilumina
y considero estéril la pervivencia sin ti.
De Aans la contracifra, su ojo rasgado, el puñal,
el zarcillo, el vino que desciende de la vecindad,
al pliegue de silencio.
El príncipe impone el baile descompuesto
delante de doncellas iletradas que se resisten
a escupirme si doy lengua al trapo
y sacudo mutilaciones en la vía pública.
Miradas bajo un tren que derrapa, pero este cuerpo,
este cuerpo no toca ángel, hastía.
Mal de amada, “malamada” ejerzo en Fuencarral
cabeza baja, buscando el paso.
Mi ancianidad frente al rustico mancebo que parafrasea
profecías, la daga y la burla de la mañana a la noche
durante novecientos días.
Donde metí el pie caí fatal en una muralla de insectos.
El Pinus-conus de Canadá suspendido a la nube
cobija agujas y desaparece en los granos de bellota
donde la sabiduría falsa entretiene al relámpago.
El poder de la burla diezma al rebaño que pasta bajo el vendaval.
Con ruidoso trueno Aans levanta guarida.
Como pieza mal cortada tiño canas -firme el color por tres semanas-
mientras Aans moretea el vacío que desciende a Dos de Mayo,
desvaneciendo toda ilusión.
Mi cabeza encristalada, la comisura del labio caída.
A cada despertar paso cuchilla a la textura,
nada de carne, huesos, restos…
Aans te “vaginaré” demencias, agitaré hilos de letras
te haré caos y maldeciré un libro.

Huidas

“No me he hecho, me han hecho”.
Goethe.

Huí de lo que representaba esfuerzo y sobre todo de esa ventana
donde vi pasar a Madame Bovary, al perro, al
descendiente de vikingo
con el pelo rojizo en las axilas.
Hui del oleo que da látigos a mi vientre,
envenena las manos y salta a los muebles,
se enmaraña en mi pelo como una legión de enemigos.
Hui del aguarrás que come iris, vista, desvelo
Huí de la cola de conejo que seca, mata, e impone
esta imagen de drogada que deambula
hasta el estante de cigarrillos negros.
Hui de la palabra que doma,
del frasco en que piensa la gente,
del murmullo que desmiembra si mi nombre no parece
en la sección de conocidos locales,
autorizados o negados poetas que chocan dientes
en el interior de pequeños embases donde depositan la herencia.
Huí del campo donde jamás asenté cabeza
en noche silenciosa, sin grillo, luna,
huí de donde perdí el gusto por la charla,
enfondada en botas de cuero rustico, enlodadas
por la marcha en el bosque, vi el reflejo
de todo lo que vendrá al humano.
Huí del barranco en el que solía ser Mer de la Manche
sin interesarme el último estreno.
Huí de mi apego a rumiar pasiones despiadadas,
huí de mi madre que cuenta el pulso,
desde la sombra me retiene en muchacha.
Huí de mi hija, huí pavorosa arrastrando el mantel,
la alivié de mi inútil presencia con mi
carreta desvencijada por los viajes que no puedo hacer
a cierta isla, y los largos inviernos.
Huí de las cajas repletas de cartas,
veinte años de exilio en sobres amarillos,
sellos de mariposas de un país que encierra
al Hombre en un friso que nunca acaba.
Huí del indolente, del acuchillador
con la herida redonda del ombligo
la tripa colgando, enredándose en los caminos.
Huí del pasajero incierto que toma vino
en la despedida aclaré que no hago promesas.
Huí de mí que era la muerte y la escasez
de recursos.
No existe aún una sola razón para quedarme.

El ángel rasgado

En sí misma, toda idea es neutra o debería serlo; pero el hombre la anima, proyecta en ella sus llamas y sus demencias; impura, transformada en creencia, se inserta en el tiempo, adopta figura de suceso: el paso de la lógica a la epilepsia se ha consumado… Así nacen las ideologías, las doctrinas y las farsas sangrientas.
E.M. Cioran

Aans apareció como un ángel desesperado,
había atravesado Europa, matado en una riña, buscaba papeles que le permitieran nombrarse entre los humanos.
Por entonces yo remiraba las silabas sin poder hilvanarlas, e hice don de los míos.
Arranqué mis huellas dactilares, la pegué en sus dedos,
le autoricé a fecundar, robar, seguir camino.
Aans se empeñaba en acompañarme,
en aprender mis gestos se amaneraba delante de los espejos,
nunca llegamos a soportar que el otro fuera reflejo.
Cuando le abandoné en el otoño del 2008 vi que lloraba,
conocía como sería cuando llegase a viejo.
Días después se arrojó en el metro de Madrid.
Nadie se salva, ni Aans que borraba oráculos maléficos;
ni Aans que es la antítesis de sueños.
Yo he seguido envejeciendo en la estación donde nada pasa,
recuerdo sus greñas atadas a mi infancia como madejas de nudos
sobre la espalda que carga barcos, sacos de cemento
sube y baja sin construir el cielo que deseamos.
En La Puerta del Sol aplauden a varias generaciones que
bajo excesivo rigor
inclinan la cabeza por miles y miles de ángeles caídos,
mientras chasqueo el papel en que dibujo su rostro.
No he vendido nada, dejaré el café para otro día.
Los mismos seres, los mismos gestos, los mismos chillidos
los mismos negocios, el mismo repetible olvido.
Todo se olvida, hilvanar silabas, hacer frases,
investirme en un personajillo que nombran,
esperando que el cuerpo no sea estorbo.

Afuera nieva y entra ese humito blanco
de madrugada humillada que basta al hueco de su cráneo.

El gato de Schrödinger

Cuando falta la cola o la crin, el caballo está enfermo,
es solo cuerpo que trota sin la posibilidad espiritual del viento.
El sol se fue a putear al fondo de las nubes
después de hacerse el nulo en los acantilados.
Estoy recogiendo fragmentos, quizás se salve algo de la mañana.

El gato de Schrödinger ha desaparecido
supuestamente atado al caballo.

Un átomo radiactivo y una botella de veneno
ocupan el interior de mi cerebro donde nadan
el absurdo, la obsesión y el despilfarro.

Mi desespero no es por el gato muerto, estoy febril.
¿Dónde está el problema, si yo no quiero saber la solución?
El pintarrajeado travesti se pavonea en la acera
con la ilusión de que el enano tuerto se equivoque de estación.
La sombra acaricia entrepiernas, toda ecuación del mundo está en el sexo.

Cinquanta, cinquante, cincuenta- Matanças.

“Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste”. Alejandra Pizarnik

Sin cuenta sobre el campo infecundo
me retiro al Mar de la Mancha.
Estoy en el gran exilio, la vejez que aterra
estira el manto, llega sin darme cuenta.
Fijaos, el espíritu quiere permanecer y la lógica
me hunde en cincuenta letras de la cábala.
No ha sido en vano: he llegado a Europa con
tres o cuatro vidas sueltas.
Ni isla ni continente salvan la mitad en Matanzas.
El viaje comenzó en una oscura estación de trenes
el techo plateado el techo de arcilla punteaba al cielo
– me da por imaginar Ur des Chaldéens-
los persecutores llevaban perros,
yo me escondía en los pliegues de la brisa.
La multitud mataba el aire con gritos
agonizaba en el detalle que traducían a una lengua muerta
so pena de perder vida.
Harrân podía ser el puerto donde jamás volvería,
pues el rey Nimrod apenas soportaba el roce de su cabello.
Medía el tiempo en la sucesión de túmulos en papel,
en la noche cerrada me movía, en la arena el viento helaba
“Quitte ton pays…et sois une bénédiction”.
El Éufrates, el Canímar, el San Juan, el Yurumí
cualquier rio borraba huellas, pero el lodo
me impedía avanzar, ensuciaba los escritos.
Puede ser Ur, pero es Matanzas, la que estruenda el eco de Sinaí.
“Cubre el rostro Sara”, -el siroco comienza-
“di que eres mi hermana, abre lienzos y carnes al faraón,”.
Penetrada por Abraham ataba mi cabello
con la argolla del alba nutría las aguas,
rompía tablillas de tierra, mamaba otra lengua,
desmoronada en brazos de la nada.
Dios me enviaba cabras, leche, miel
al epicentro del cantico y el mar de sal seguía en los dedos,
el mar muerto en el cuerpo cada año que pasaba.
Mi hermano degolló carneros, y yo hacia el Este,
¿ dime, me tragará el desierto?
La ciudad donde nací, es el eje de la polémica:
si fui , si fui otra, ahora no recuerdo.
Solo el viaje desde el azulado puerto,
la amurallada Habana hasta el acantilado francés
Madrid donde fui puta dando a la lengua que había olvidado.
Tres países me nombran, en tres me maté a cuchillo.
No hay tumbas, solo grabados en el polvo:
Canaán, Hébron, Matanzas.
Mi madre aparta el arroz sobre las nubes rosadas
mi padre contempla las gaviotas, quizás sepan que estoy en otro lugar.

Madame Bovary

Y tenían por rey al Ángel del Abismo, cuyo nombre en hebreo es Abaddón, que significa El Exterminado. Apocalipsis según el apóstol San Juan.


Enfundada en terciopelo y encajes roídos
por oraciones que aniquilan en medio de la calle
toco la ventanilla de los coches, tiro piedras a la llovizna
de cualquier día en Normandía,
– todos se confunden para el ojo ciego-.
Me he liado un cigarrillo, no tengo ganas de zurcir
guantes, ni de hablar a los viajeros, de nada
en el instante donde sé que hay una aguja en la manzana
__________________________
Datos de la autora
MARGARITA GARCÍA ALONSO: Matanzas, Cuba. Reside desde 1992 en Francia. Licenciada en periodismo de la Universidad de la Habana. Miembro de la Organización Internacional de Cyber Periodistas. Poeta, periodista, pintora, grafista e ilustradora. Ha publicado los poemarios Sustos de muchacha, Ediciones Vigía, y Cuaderno del Moro, en la Editora Letras Cubanas. Premios en diversos concursos literarios. Laureada en la Taberna de poetas francesa, y publicada por Yvelinesédition, en marzo 2006. En el 2005 ilustró el libro de teatro A ciegas, de Laura Ruiz; y el poemario Nouvelles de Dan Leuteneger, Collection Emeutes. Numerosas exposiciones y premios de pintura en Francia, Polonia, España, Colombia. Traducción del libro Justo un poco de amor, de la poetisa Florence Isacc; y la portada de la antología de poesía Letras en la piel, Ediciones mis escritos, Argentina, entre otros.
Fotos y datos tomados de Efory Atocha, Blog de Santiago Mendez Alpizar, Chago.

EL SITIO DE LA LUZ NY, United States

Juan Carlos Recio. Cuba, 1968. Poeta y narrador. Tiene publicado El buscaluz colgado, premio de la ciudad de Santa Clara 1990. Ha obtenido primera mención en el Julián del Casal de la UNEAC en 1991, con su libro inédito Hay un hombre en la cruz. Vive en New York desde el año 2000. Tiene un blog Sentado en el aire. Textos suyos han sido publicados en Cuba y España en revistas y online en Canada y USA.

Estos poemas han sido escritos desde lo más recóndito del ser, buscando más abajo lo que lacera para exhibirlo sin medias tintas. La maldición persiguiendo a un ser que escapa de sus miedos? Los he leído, percibiendo hasta aquella frustración por las “cosas” que nos rodean, y de las que hablaba Edelmis en el post anterior… (hay que advertir que se trata simplemente de la continuidad de una línea que Cintio Vitier identificó como rasgo esencial en Lo cubano en la poesía desde Julián del Casal: «Diríase que para nosotros —señala Vitier— la frustración se ha convertido en una especie de oscuro deber. )

Sólo indico estos fragmentos de los dos últimos poemas de Margarita:

Fijaos, el espíritu quiere permanecer y la lógica
me hunde en cincuenta letras de la cábala.
No ha sido en vano: he llegado a Europa con
tres o cuatro vidas sueltas.
Ni isla ni continente salvan la mitad en Matanzas.

———–

Me he liado un cigarrillo, no tengo ganas de zurcir
guantes, ni de hablar a los viajeros, de nada
en el instante donde sé que hay una aguja en la manzana
————-

July 19, 2010

cOMPRAR MALDICIONARIO

11 comentarios hacia “MALDICIONARIO”

  1. Alberto Lauro 4 abril 2011 a 13 h 13 min Edit #

    Que dicha encontrarme la voz de esta poeta tan buscada por mi y que no se parece a nadie en su irreverencia mística. Felicidades. Alberto Lauro

    • Margarita Garcia Alonso 4 abril 2011 a 14 h 57 min Edit #

      wUAOHH !!!Alberto Lauro, que no estoy acostumbrada a que me quieran o me quieran los versos. Que tengas mucha luz en tu poesia, agradecida.

  2. Margarita Garcia Alonso 4 abril 2011 a 15 h 09 min Edit #

    ¿Qué soy vulgar? Ya lo sé.
    De poco me valió en otro tiempo ser refinado y elegante
    O frecuentar salones de familias con linaje.
    Déjenme en paz de una vez.
    Y ahora váyanse, que llegan los putos que pago
    A sueldo y ardo en ganas
    De ponerme a fornicar.(Alberto Lauro) + chez Chago
    http://www.eforyatocha.com/2011/04/alberto-lauro-poemas.html
    Lauro, con solo esto, ya estas en mi casa.

  3. Margarita Garcia Alonso 29 junio 2011 a 8 h 22 min Edit #

    Elegía para N. N.

    Si es demasiado lejos para ti, dilo.
    Habrías podido correr sobre las pequeñas olas del Báltico,
    atravesar el campo de Dinamarca, la floresta de hayas,
    virar hacia el océano, y ya está, cerca,
    el Labrador, blanco en esta estación del año.
    Tú, que soñabas una isla solitaria,
    si temes las ciudades, el parpadeo de los fuegos sobre las autorrutas,
    habrías podido tomar el camino de los bosques sordos,
    sobre torrentes revueltos y azules, y rastros del ciervo y del reno,
    hasta las Sierras, hasta las minas de oro abandonadas.
    El Río Sacramento te habría llevado entonces,
    por entre las colinas recubiertas de encinas espinosas.
    Todavía un bosque de eucaliptos, y estarás en mi casa.

    Es cierto, cuando la manzanita florece,
    y la bahía es azul en las mañanas de primavera,
    yo pienso a mi pesar en la casa entre lagos
    y en las redes recogidas bajo el cielo Lituano.
    La cabaña donde te despojabas de tu traje antes del baño
    se cambió para siempre en un cristal abstracto.
    Y en él está la oscura miel de la tarde, junto al balcón,
    y las pequeñas lechuzas, graciosas, y el olor de los arneses.

    Cómo podíamos vivir entonces, yo no puedo decirlo.
    Las costumbres, los trajes, vibran imprecisos,
    inconsistentes, tensos hacia el final.
    Es tal vez que pensábamos en las cosas tal como son?
    El saber de los años fogosos ha enrojecido los caballos ante la forja,
    y las pequeñas columnas en el mercado de la aldea,
    y los peldaños de madera y la peluca de Mamá Fliegeltaub.

    Mucho hemos aprendido, tú bien lo sabes:
    cómo nos es quitado, cosa por cosa, todo aquello que no podía ser,
    la gente, las comarcas.
    Y el corazón no muere cuando uno creyó que debería,
    pero sonreímos, el té y el pan sobre la mesa.
    Sólo el remordimiento de no haber amado como se debe
    esa pálida ceniza de Sachsenhausen
    con un amor absoluto, que no está a la medida del hombre.

    Tú te has acostumbrado a nuevos inviernos, húmedos,
    a la ciudad donde la sangre del propietario alemán
    fue raspada de los muros, y a donde él jamás regresó.
    Tampoco yo he llevado más de lo que podía, ciudades y país.
    No se puede entrar dos veces en el mismo lago,
    sobre hojas descompuestas de abedul,
    y quebrando una estrecha estría de sol.

    Tus faltas y las mías, no fueron grandes faltas,
    tus secretos y los míos, no eran grandes secretos.
    Cuando te anudan la mandíbula con un pañuelo,
    cuando te ponen una cruz entre los dedos,
    y a lo lejos un perro ladra, brilla una estrella.

    No, no es porque estés tan lejos
    que no has venido el otro día, la otra noche.
    De año en año madura en nosotros y nos invadirá,
    yo, como tú, lo he comprendido: la indiferencia.

    Berkeley, 1963
    Czeslaw Milosz

  4. Soren Kierkegaard – Maldito azar 19 julio 2011 a 14 h 32 min Edit #

    Soren Kierkegaard – Maldito azar
    from Ignoria by Isaías Garde
    1 person liked this

    ¡Maldito azar! Jamás maldije de ti cuando aparecías y te maldigo ahora en que te ocultas. ¿O se trata de una nueva invención tuya, inconcebible ser, estéril fuente de todo, único superviviente de aquel tiempo en que la necesidad dio a luz la libertad y la libertad fue tan insensata que volvió al seno materno?

    ¡Maldito azar! ¡Tú, mi único amigo íntimo, único ser al que creía digno de confianza, de mi alianza y de mi enemistad, siempre inestable y siempre igual a ti mismo, siempre incomprensible, eterno enigma!

    Tú, al que quiero con toda la simpatía de mi alma, sobre cuya imagen me he formado y he ido perfeccionándome a mí mismo, ¿por qué no te muestras? Yo no mendigo, no te suplico humildemente, para que te manifiestes de una y otra manera, porque en semejante adoración ibas a encontrar una forma de idolatría y no te gusta a ti la idolatría; en cambio, yo te invito a la lucha. ¿Por qué no acudes? ¿O es que se ha aplacado la inquietud del universo, se resolvió acaso el enigma o es que te precipitaste en el abismo de la eternidad? ¡Terrible pensamiento! En tal caso, el mundo del aburrimiento debería detenerse…

    ¡Maldito azar! Te aguardo. No deseo vencer con máximas ni con lo que los locos llaman carácter. No, yo deseo poetizarte. No deseo ser poeta para los demás; descúbrete y yo seré tu poeta… Luego, podré nutrirme de mi propia poesía, que será mi único alimento.

    ¿O es que me juzgas indigno? Voy a consagrarme a tu servicio, igual que las bayaderas bailan en honor de su dios. Ligero, con mínima vestimenta, desarmado, renuncio a todo. Nada poseo y nada quiero poseer, a nada amo y por eso nada tengo que perder y así me hice más digno de ti, de ti que tanto te cansaste, en el dilatado tiempo, de robar a los seres humanos aquello que aman, harto de sus cobardes suspiros, de sus rezos interesados. Sorpréndeme, pues estoy preparado…

    Pero haz que la vea, muéstrame una posibilidad que ya me parece imposible, indícamela aunque sea entre sombras del Averno, que yo la sacaré hasta aquí arriba; haz, si quieres, que me odie, que me desprecie, que sea indiferente para conmigo, que ame a otro… Yo no temo. Pero agita las aguas estancadas, quiebra la quietud; dejarme morir de inanición de esta manera es algo miserable, que cometes tú al que creía más fuerte que yo…

    En Diario de un seductor
    Imagen: Boceto de Sören Kierkeggard por Niels Christian Kierkegaard
    Royal Library of Denmark

  5. Teresa María 17 septiembre 2012 a 16 h 51 min Edit #

    ¡me ha encantado, cuánta frescura, inteligencia y majestad!

  6. thetimeeater 21 septiembre 2012 a 13 h 25 min Edit #

    No tengo nada elaborado que decir… me gusta muchísimo como escribes. Abrazo

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  1. “Maldicionario” Nuevo libro de Margarita García Alonso | Efory Atocha.com19 diciembre 2012[…] —– “Maldicionario” Poemas de Margarita García Alonso————Oración a Bernard Fokke——————-“Se te considera un diablo”—Bernard Fokke, has viajado de Batavia a Holanda en noventa díasgracias al diablo y sus poderes mágicos.Escucha, yo he permanecido toda la vidagobernada por el viejo de la barba y en silencio-si había palabra por medio, el barco desaparecía-ni siquiera canto, menos blasfemoen la borrasca, sin rumbo de la patria.-Escucha holandés errante, navego mi miedocambio de aspecto cuando se me acercan,ando sin tripulación y desespero,vuelve loco al capitán de mi isla, mátalo de una vezque es hora de que regrese a puerto.—Espacios vacíos—Si descierro las mandíbulas el aire de Le Havre caeen la oscuridad donde tecleo.Jamás caer -con o sin testigos- sobre el cristal.En esta ciudad el arrecife deforma las callesla ruta asimétrica nos hace cojos apoyados en perrosque salivan orines de perrosmierdas de perro que marcan territorio.Suelto clavecines, no hay columnas, ni alerones,ni tiendas a la moda, cualquier confín da al bosquea los despeñaderos frente al mar.Hay que salir, de todas formas nadie me va a comprarpescados en el puerto.La mirada de una vieja voraz me organiza el abrigo,con habitantes tan feos no se puede disimular el vientoque da alas a mi estola y arrastra el salitre,la arena que en capas enrarece la visión.El insolente está lejos, mi varón traspiés es ajenoa la adversidad que inundó los canales en la nochedonde me privó de su espuela, y con el vientre hinchadoataqué altísimas velas, me lancé a un orgasmo seco.Una y otra vez me encierro a mezclar textos,Handel y aquella suavidad gastada trituran rocas,desafinan en la rudeza de este lugar.En Madrid mi mano cabía en el ejercicio fascinante del tumulto,contaba las ventanas , la embriaguez del que arrastra maletas,ese dulzor de la lengua de mamá que cura exilio.Pero es pasado, fíjense, el día se reclama nublado,desfila como ayer y mi cráneo se parte en dos,diez vueltas doy, entre la cama y el butacón he perdido los huesos.Escorchados pajes cibernéticos algodonancomo flamencos de un estanque en suspensióndespegan el parche donde acecha la niñaque golpea con técnicas secretas.-Desde el arsenal hasta la entrada del barrio,se ha abierto la canalización , en la cloacanadie hace mutis por ninguna causa.—El gato de Schrödinger—Cuando falta la cola o la crin, el caballo está enfermo,es solo cuerpo que trota sin la posibilidad espiritual del viento.El sol se fue a putear al fondo de las nubesdespués de hacerse el nulo en los acantilados.Estoy recogiendo fragmentos, quizás se salve algo de la mañana.-El gato de Schrödinger ha desaparecidosupuestamente atado al caballo.-Un átomo radiactivo y una botella de venenoocupan el interior de mi cerebro donde nadanel absurdo, la obsesión y el despilfarro.-Mi desespero no es por el gato muerto, estoy febril.¿Dónde está el problema, si yo no quiero saber la solución?El pintarrajeado travesti se pavonea en la aceracon la ilusión de que el enano tuerto se equivoque de estación.La sombra acaricia entrepiernas, toda ecuación del mundo está en el sexo.—-Otras colaboraciones de MGAlonso en Efory Atocha, Aquí.-“Maldicionario” puede ser solicitado, Aquí.-Sobre “Maldicionario” Aquí.– […]
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