Maldicionario , POR JUAN CARLOS RECIO

POR JUAN CARLOS RECIO

EL SITIO DE LA LUZ NY, United States

Juan Carlos Recio: Cuba, 1968. Poeta y narrador. Tiene publicado El buscaluz colgado, premio de la ciudad de Santa Clara 1990. Ha obtenido primera mención en el Julián del Casal de la UNEAC en 1991, con su libro inédito Hay un hombre en la cruz. Vive en New York desde el año 2000. Tiene un blog Sentado en el aire. Textos suyos han sido publicados en Cuba y España en revistas y online en Canada y USA.

Maldicionario, una forma de decir sobre la búsqueda. Por Juan Carlos Recio

lunes, 19 de julio de 2010

Maldicionario, una forma de decir sobre la búsqueda.

Hay muchas formas de acercarse a una persona, aunque físicamente esté lejos, hay otras miles de mirar a su corazón, porque un misterio de fuerza nos ilumina a esa curiosidad. Otras veces mientras conocemos qué piensa el otro, cómo se proyecta, por las cosas que sus manos son capaces de brindarnos, un rostro, un sentido de pertenencia. Cuando ocurre es como encontrar un tesoro que no presume de piedras preciosas o de espinas, lo que importa es que no sea un invento.

Esto me acaba de pasar con Margarita García Alonso, cuando un libro suyo de poesía llegó a mi correo. Hasta ahora solo había visto todo lo visual de sus pinturas, todo el color que pone, a veces a la rabia, o mejor a la emoción de vivir, para ser amada, o para que se sepa de dónde son los cantantes y “otras”, más controversial y veloz que la luz de un relámpago.

Pero, yo casi nunca escucho las palabras buenas o malas que se lleva el viento, vengan de donde vengan; prefiero buscar en lo que se ofrece ante mi vista, en esa forma visionaria de entender a la persona, no por una afinidad, un gusto, un talento, ni otra razón demasiado predecible, prefiero el reto de llegar más lejos, o más cerca, o más profundo, según convoque a pensar, según me inspire o me devuelva ese jugoso matiz sin inocencia, que el buen arte, el verso bien escrito, hace mucho más ruido que cualquier ventolera.

He vuelto a releer Maldicionario, porque sin la malicia de un hechizo u otra cantidad de palabras que pudieran como una pedrada, darnos, justo en la conciencia, Marga arriba a la soltura que solo la libertad de su yo, y una presencia bien intencionada, del verso, el dominio de quien sabe encontrarse en la forma de decir, y donde inconcientemente nos hace parte, de esa búsqueda incesante de retratar estas historias, que lejos de la ficción, -aún si parecieran- nos tocan con mucha fuerza, con una gracia que también sabe encantar:

He sido penetrada por sucesivas enredaderas,
anduve sola traduciéndolas, traduciéndome
a una lengua extraña, incesantemente en dudas,
vaciando palabras, contando letras.

Aquí arribamos después que nos dijera:

Como el río tajante, no el afluente ni el remanso,
como el caudal de agua arribo a la edad donde todo es permitido.
Pez con pluma sumergido en la tinta del desvelo
mancha negra y amarga la lengua.
El “caso” es feo-dice San Juan-
en la montaña presiente que volverán los elementos.
La copa de los árboles desciende a mi mano,
el ramaje, la evaporación subterránea me ilumina

De modo que su tono y ritmo se mantienen, en esa disposición donde se alinean los astros y como el resplandor del cielo, ella va confesando su amor incondicional, sus pérdidas, las comparaciones de tiempo-espacio-lugares-recuerdos-existencia y una manera de vivir que ha sido y es capaz de provocar esta catarsis.

Una mujer así, con todas las vestiduras que se quita, para mostrar sus cicatrices sin complejo ni culpa, es tan bella como una amenaza, y juro que he visto esa belleza que puede arrástranos en la calle, semejante al agua que violenta una raíz, que sale con su porción de tierra, como a veces ocurren dentro de las dificultades, que también provoca la tempestad cuando se avecina, o una mujer que tiene bien puesto su corazón bajo la piel, que se atreve a contarnos todas las verdades que se necesita para llegar a conocerla:

Dibujo de Zaida del Río
Heme rodilla hincada cuando arriba la ahogada.
Heme promesa de aceituna, el centro escondido y duro.
Heme campo de trigo, irreprochable
cuerpo ceñido al paso, hasta la hormiga.
Cuando me violó el hombre sin rostro,
en horizontal posición cerraba mis ojos, tapaba mi boca
acompañaba la tarde con el chirrido de la sabana.
Yo menstruaba por el ojo de la desolación.

En ese campo donde su cuerpo poético me deslumbra, también la he visto como una espiga contra el viento, apasionada y tierna, y por qué no, escapada de todo lo que tal vez devuelva una imagen que teme a la zozobra:

Huí de mí que era la muerte y la escasez
de recursos.
No existe aún una sola razón para quedarme

Aunque también, con esa música de las palabras donde se proyecta, madura y fuerte desde su voz, que es hija-esposa-amante-exiliada, otra razón de peso me conmueve:

Hubiese podido quedarme si no fuera por mi frágil
corpulencia y esa antigua seducción hacia el desastre.
Heme de regreso al hueco de la aguja,
cabeza de alfiler donde las brumas queman,
los mediodías son plomizos lamentos
las tardes deshacen el mundo,
la noche aterra.

Así como un pincel y muchas caras, pueden desarmar los cuerpos que tal vez se oculten en las manchas de lluvia, que tienen la ilusión de los encuentros reales, como insectos que podrían alimentarse de nuestra sangre, Maldicionario, nos pica esa desazón donde no entran los claros-oscuros o los negros intensos de una inutilidad o desarraigo, todo lo contrario, sin ser el bien o el mal, la autora no predice lo que cuenta, ella prefiere ser un testimonio elocuente, de una espiritualidad muy diversa, dispuesta también a hacerse constar.

Hago constar

He escrito mucho y publicado nada.
Al abandonar la isla temí no tener derecho a la palabra,
me habían borrado poco a poco el poro y la saliva.
Debí aprender, con urgencia, otro idioma
no encontré a nadie, en esta ciudad brumosa, con cuatro libros.
Padecí el síndrome de Groenlandia.
Pedí consejos, toqué puertas para pertenecer a un grupo y no se abrieron.
Descifré que la loca quería salir al mundo.
Desde hace meses lo intento y os maldigo.
He venido sola.

Juan Carlos Recio
NY/ Julio 16 del 2010

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Maldicionario
“El gran cansancio de la existencia no es más, tal vez, que el enorme trabajo que nos tomamos para ser razonables durante veinte, cuarenta años y más, para no ser simple y profundamente uno mismo, es decir: inmundo, atroz y absurdo. Una pesadilla, tener que presentar desde la mañana hasta la noche un superhombre, como un pequeño ideal universal, al subhombre claudicante que se nos ha dado.”
Céline.
Como el río tajante, no el afluente ni el remanso,
como el caudal de agua arribo a la edad donde todo es permitido.
Pez con pluma sumergido en la tinta del desvelo
mancha negra y amarga la lengua.
El “caso” es feo-dice San Juan-
en la montaña presiente que volverán los elementos.
La copa de los arboles desciende a mi mano,
el ramaje, la evaporación subterránea me ilumina
y considero estéril la pervivencia sin ti.
De Aans la contracifra, su ojo rasgado, el puñal,
el zarcillo, el vino que desciende de la vecindad,
al pliegue de silencio.
El príncipe impone el baile descompuesto
delante de doncellas iletradas que se resisten
a escupirme si doy lengua al trapo
y sacudo mutilaciones en la vía pública.
Miradas bajo un tren que derrapa, pero este cuerpo,
este cuerpo no toca ángel, hastía.
Mal de amada, “malamada” ejerzo en Fuencarral
cabeza baja, buscando el paso.
Mi ancianidad frente al rustico mancebo que parafrasea
profecías, la daga y la burla de la mañana a la noche
durante novecientos días.
Donde metí el pie caí fatal en una muralla de insectos.
El Pinus-conus de Canadá suspendido a la nube
cobija agujas y desaparece en los granos de bellota
donde la sabiduría falsa entretiene al relámpago.
El poder de la burla diezma al rebaño que pasta bajo el vendaval.
Con ruidoso trueno Aans levanta guarida.
Como pieza mal cortada tiño canas -firme el color por tres semanas-
mientras Aans moretea el vacío que desciende a Dos de Mayo,
desvaneciendo toda ilusión.
Mi cabeza encristalada, la comisura del labio caída.
A cada despertar paso cuchilla a la textura,
nada de carne, huesos, restos…
Aans te “vaginaré” demencias, agitaré hilos de letras
te haré caos y maldeciré un libro.

Huidas

“No me he hecho, me han hecho”.
Goethe.

Huí de lo que representaba esfuerzo y sobre todo de esa ventana
donde vi pasar a Madame Bovary, al perro, al
descendiente de vikingo
con el pelo rojizo en las axilas.
Hui del oleo que da látigos a mi vientre,
envenena las manos y salta a los muebles,
se enmaraña en mi pelo como una legión de enemigos.
Hui del aguarrás que come iris, vista, desvelo
Huí de la cola de conejo que seca, mata, e impone
esta imagen de drogada que deambula
hasta el estante de cigarrillos negros.
Hui de la palabra que doma,
del frasco en que piensa la gente,
del murmullo que desmiembra si mi nombre no parece
en la sección de conocidos locales,
autorizados o negados poetas que chocan dientes
en el interior de pequeños embases donde depositan la herencia.
Huí del campo donde jamás asenté cabeza
en noche silenciosa, sin grillo, luna,
huí de donde perdí el gusto por la charla,
enfondada en botas de cuero rustico, enlodadas
por la marcha en el bosque, vi el reflejo
de todo lo que vendrá al humano.
Huí del barranco en el que solía ser Mer de la Manche
sin interesarme el último estreno.
Huí de mi apego a rumiar pasiones despiadadas,
huí de mi madre que cuenta el pulso,
desde la sombra me retiene en muchacha.
Huí de mi hija, huí pavorosa arrastrando el mantel,
la alivié de mi inútil presencia con mi
carreta desvencijada por los viajes que no puedo hacer
a cierta isla, y los largos inviernos.
Huí de las cajas repletas de cartas,
veinte años de exilio en sobres amarillos,
sellos de mariposas de un país que encierra
al Hombre en un friso que nunca acaba.
Huí del indolente, del acuchillador
con la herida redonda del ombligo
la tripa colgando, enredándose en los caminos.
Huí del pasajero incierto que toma vino
en la despedida aclaré que no hago promesas.
Huí de mí que era la muerte y la escasez
de recursos.
No existe aún una sola razón para quedarme.

El ángel rasgado

En sí misma, toda idea es neutra o debería serlo; pero el hombre la anima, proyecta en ella sus llamas y sus demencias; impura, transformada en creencia, se inserta en el tiempo, adopta figura de suceso: el paso de la lógica a la epilepsia se ha consumado… Así nacen las ideologías, las doctrinas y las farsas sangrientas.
E.M. Cioran
Aans apareció como un ángel desesperado,
había atravesado Europa, matado en una riña, buscaba papeles que le permitieran nombrarse entre los humanos.
Por entonces yo remiraba las silabas sin poder hilvanarlas, e hice don de los míos.
Arranqué mis huellas dactilares, la pegué en sus dedos,
le autoricé a fecundar, robar, seguir camino.
Aans se empeñaba en acompañarme,
en aprender mis gestos se amaneraba delante de los espejos,
nunca llegamos a soportar que el otro fuera reflejo.
Cuando le abandoné en el otoño del 2008 vi que lloraba,
conocía como sería cuando llegase a viejo.
Días después se arrojó en el metro de Madrid.
Nadie se salva, ni Aans que borraba oráculos maléficos;
ni Aans que es la antítesis de sueños.
Yo he seguido envejeciendo en la estación donde nada pasa,
recuerdo sus greñas atadas a mi infancia como madejas de nudos
sobre la espalda que carga barcos, sacos de cemento
sube y baja sin construir el cielo que deseamos.
En La Puerta del Sol aplauden a varias generaciones que
bajo excesivo rigor
inclinan la cabeza por miles y miles de ángeles caídos,
mientras chasqueo el papel en que dibujo su rostro.
No he vendido nada, dejaré el café para otro día.
Los mismos seres, los mismos gestos, los mismos chillidos
los mismos negocios, el mismo repetible olvido.
Todo se olvida, hilvanar silabas, hacer frases,
investirme en un personajillo que nombran,
esperando que el cuerpo no sea estorbo.

Afuera nieva y entra ese humito blanco
de madrugada humillada que basta al hueco de su cráneo.

El gato de Schrödinger

Cuando falta la cola o la crin, el caballo está enfermo,
es solo cuerpo que trota sin la posibilidad espiritual del viento.
El sol se fue a putear al fondo de las nubes
después de hacerse el nulo en los acantilados.
Estoy recogiendo fragmentos, quizás se salve algo de la mañana.

El gato de Schrödinger ha desaparecido
supuestamente atado al caballo.

Un átomo radiactivo y una botella de veneno
ocupan el interior de mi cerebro donde nadan
el absurdo, la obsesión y el despilfarro.

Mi desespero no es por el gato muerto, estoy febril.
¿Dónde está el problema, si yo no quiero saber la solución?
El pintarrajeado travesti se pavonea en la acera
con la ilusión de que el enano tuerto se equivoque de estación.
La sombra acaricia entrepiernas, toda ecuación del mundo está en el sexo.

Cinquanta, cinquante, cincuenta- Matanças.

“Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste”. Alejandra Pizarnik

Sin cuenta sobre el campo infecundo
me retiro al Mar de la Mancha.
Estoy en el gran exilio, la vejez que aterra
estira el manto, llega sin darme cuenta.
Fijaos, el espíritu quiere permanecer y la lógica
me hunde en cincuenta letras de la cábala.
No ha sido en vano: he llegado a Europa con
tres o cuatro vidas sueltas.
Ni isla ni continente salvan la mitad en Matanzas.
El viaje comenzó en una oscura estación de trenes
el techo plateado el techo de arcilla punteaba al cielo
– me da por imaginar Ur des Chaldéens-
los persecutores llevaban perros,
yo me escondía en los pliegues de la brisa.
La multitud mataba el aire con gritos
agonizaba en el detalle que traducían a una lengua muerta
so pena de perder vida.
Harrân podía ser el puerto donde jamás volvería,
pues el rey Nimrod apenas soportaba el roce de su cabello.
Medía el tiempo en la sucesión de túmulos en papel,
en la noche cerrada me movía, en la arena el viento helaba
“Quitte ton pays…et sois une bénédiction”.
El Éufrates, el Canímar, el San Juan, el Yurumí
cualquier rio borraba huellas, pero el lodo
me impedía avanzar, ensuciaba los escritos.
Puede ser Ur, pero es Matanzas, la que estruenda el eco de Sinaí.
“Cubre el rostro Sara”, -el siroco comienza-
“di que eres mi hermana, abre lienzos y carnes al faraón,”.
Penetrada por Abraham ataba mi cabello
con la argolla del alba nutría las aguas,
rompía tablillas de tierra, mamaba otra lengua,
desmoronada en brazos de la nada.
Dios me enviaba cabras, leche, miel
al epicentro del cantico y el mar de sal seguía en los dedos,
el mar muerto en el cuerpo cada año que pasaba.
Mi hermano degolló carneros, y yo hacia el Este,
¿ dime, me tragará el desierto?
La ciudad donde nací, es el eje de la polémica:
si fui , si fui otra, ahora no recuerdo.
Solo el viaje desde el azulado puerto,
la amurallada Habana hasta el acantilado francés
Madrid donde fui puta dando a la lengua que había olvidado.
Tres países me nombran, en tres me maté a cuchillo.
No hay tumbas, solo grabados en el polvo:
Canaán, Hébron, Matanzas.
Mi madre aparta el arroz sobre las nubes rosadas
mi padre contempla las gaviotas, quizás sepan que estoy en otro lugar.

Madame Bovary

Y tenían por rey al Ángel del Abismo, cuyo nombre en hebreo es Abaddón, que significa El Exterminado. Apocalipsis según el apóstol San Juan.


Enfundada en terciopelo y encajes roídos
por oraciones que aniquilan en medio de la calle
toco la ventanilla de los coches, tiro piedras a la llovizna
de cualquier día en Normandía,
– todos se confunden para el ojo ciego-.
Me he liado un cigarrillo, no tengo ganas de zurcir
guantes, ni de hablar a los viajeros, de nada
en el instante donde sé que hay una aguja en la manzana
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Datos de la autora
MARGARITA GARCÍA ALONSO: Matanzas, Cuba. Reside desde 1992 en Francia. Licenciada en periodismo de la Universidad de la Habana. Miembro de la Organización Internacional de Cyber Periodistas. Poeta, periodista, pintora, grafista e ilustradora. Ha publicado los poemarios Sustos de muchacha, Ediciones Vigía, y Cuaderno del Moro, en la Editora Letras Cubanas. Premios en diversos concursos literarios. Laureada en la Taberna de poetas francesa, y publicada por Yvelinesédition, en marzo 2006. En el 2005 ilustró el libro de teatro A ciegas, de Laura Ruiz; y el poemario Nouvelles de Dan Leuteneger, Collection Emeutes. Numerosas exposiciones y premios de pintura en Francia, Polonia, España, Colombia. Traducción del libro Justo un poco de amor, de la poetisa Florence Isacc; y la portada de la antología de poesía Letras en la piel, Ediciones mis escritos, Argentina, entre otros.
Fotos y datos tomados de Efory Atocha, Blog de Santiago Mendez Alpizar, Chago.
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