Digo que todo ojal…

L’île, mosaïque bleu sur structure en contre plaqué, moulages de coraux en plâtre, 2007, Laura Perez Garcia

Digo que todo ojal tiene un broche o un botón  en respuesta al  perforado, ahuecado, con rajaduras o quebraduras que habita en tierras dispersas.

 Detrás de cada orificio, dos grupos completamente distintos- como si fuesen dos razas- ajetrean incesantes. Unos cavan, sacan sables afilados, sonríen a dentelladas; otros buscan hilos y zurcen los bordes de cada hueco hasta perder el aliento y si la herida lo requiere bordan linderos y puentes y conozco hasta quien tira, del ganchillo de la aguja, líneas de  trenes…

 El zurcido reparador es cerrado y sin embargo, en los extremos se deshace.  Imperceptible y de forma sistemática,  la bárbara intemperie impone la gravedad del vacío, nada queda, solo los pactos de amor,  como este, del  cual doy fe.

 Es la historia de Isla, con dos puntos- : – como si fuese una pausa de respiración- en el titulo “el libro imposible”.Lo escribí en francés en el otoño del 2005. Los dibujos al óleo, texturados con pastel graso  acabaron con el escaso avituallamiento de  azules que hago celosamente a la proximidad del invierno.

 Lo compuse como un pedido. Era la época en que pintaba enormes cuadros: “Le lait de la bonté humaine”, “Prière”, o “Sainte terre”, de casi tres metros por un lado y dos y pico en el otro borde.

 Entre el pasillo que lleva a la cocina y la mesa del taller cabía perfectamente mi mano, enroscada como un caracol, temerosa de mi columna vertebral, que si no se ha roto es por puro malabarismo de D. ios quien mide el punto de tensión de la vibración del pincel, bajo los efluvios de la trementina que satura los pulmones, la tripa y el hueso descarnado  de los pintores que se obligan a  tirar un trazo que caiga donde el Axe exige.

 Ahí fue que puse a las chicas a  recorrer la isla  y me traduje al español, lo puse en un blog y envié a las amigas- única certitud que tengo de minimizar las desapariciones de imágenes y textos de mis enfermos pc–

 Amigos, tengo un montón cansado de estos envíos, se han ido acostumbrado, si el tiempo lo permite leen, y si no, olvidan; no hay que exagerar, ni estar agradeciendo este tipo de paquete húmedo por las lluvias de la Normandía, de una tal Manganita y un apellido largo que no es ni siquiera ruso- quien desde los acantilados y el salitre sigue emborronando, dando cabezazos a las brumas o en las brumas – depende el día- a merced de  las tempestades con el “soit disant malheur” a cuestas.

 Así llegó Isla a Maya, con el apellido que la persigue.  Mabel Cuesta me describió que la poetisa no salió del erizamiento hasta que se sentó y fue destilando versos para cada imagen, con el preciso toque de quien sabe de leyendas y viajes premonitorios. El corazón bailando zambito sobre las palabras, identificada con esa isla a la deriva ,fijada como un alfiler al capricho del señor que tiene en la entrepierna un martillo que hace añicos el cerebro de quienes descubren que  el airecillo de cada rendija, es a su vez luz.

 El libro se agrandó en dos cuerpos poéticos  que  servían  al unísono de oración, y resguardó  – repito- toda mi almacena de azules Prusia, marino, primario, y cielo; luego fue pasando de Karin Aldray , Belkis Cuza, a Mireya Robles, de mano a correo, sin que encontráramos editor- ni siquiera para sacarlo en postalitas. Hubo momentos cercanos, si bien recuerdo en el cumpleaños de Maya,  en el 2006, y luego desaparecía la configuración, pero aumentaban los buenos comentarios.

 Yo me he acostumbrado a esta desamparante situación, y eso que  el cerrajero sabe que no es necesario que  llegué el día de mi velorio, porque no habrá misa ; ni que juegue al príncipe porque con el hombre que amé en Madrid colmé esa rabieta- un simple agente empecinado puede saltar el hierro. Pero es por Maya y sus versos que zurcí- no acostumbro dejar en el camino a nadie y menos tan buen desvelo profético- ni ella, ni yo, imaginamos que saldrían mujeres de  blanco; tampoco sabíamos que cuatro años después caeríamos nuevamente en lo incierto.

 De New York a Miami , Maya hace esta peregrinación para presentarlo en Zu Galería, Fines Art, en Miami; gracias a Manny López, que me tiene espejeando entre cuadros, sin que nadie se de cuenta; agradecida a todos los que lo han leído y responden que es , sin dudas, una oración.

  De tanto pedir tengo en William Ríos el ángel que se ha ofrecido para representarme. Espero que muchos respiren la isla, y con bondad se fotocopie, pase, se haga suyo, tuyo, de nosotros y que el libro  sea un botón de buena energía que colme el ojal que duele: la isla prohibida.

 

Viernes 20 de agosto, de  20:00 – 23:00

 Zu Galeria Fine Arts

2248 SW 8th Street

Miami, FL

 Isla en imágenes

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