Poemas escogidos por CAñASANTA

MARGARITA GARCIA ALONSO :: poesía escogida

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Escrito por Cañasanta

ILUSTRACIONES DE wILLIAM rIOS

MARGARITA GARCIA ALONSO

-poesía escogida de su libro MALDICIONARIO-


 

Maldicionario

 

“El gran cansancio de la existencia no es más, tal vez, que el enorme trabajo que nos tomamos para ser razonables durante veinte, cuarenta años y más, para no ser simple y profundamente uno mismo, es decir: inmundo, atroz y absurdo. Una pesadilla, tener que presentar desde la mañana hasta la noche un superhombre, como un pequeño ideal universal, al subhombre claudicante que se nos ha dado.”
Céline.

Como el río tajante, no el afluente ni el remanso,
como el caudal de agua arribo a la edad donde todo es permitido.
Pez con pluma sumergido en la tinta del desvelo
mancha negra y amarga la lengua.
El “caso” es feo-dice San Juan-
en la montaña presiente que volverán los elementos.
La copa de los arboles desciende a mi mano,
el ramaje, la evaporación subterránea me ilumina
y considero estéril la pervivencia sin ti.
De Aans la contracifra, su ojo rasgado,  el puñal,
el zarcillo, el vino que desciende de la vecindad,
al pliegue de silencio.
El príncipe impone el  baile descompuesto
delante de  doncellas iletradas que se resisten
a escupirme si doy lengua al trapo
y sacudo mutilaciones en la vía pública.
Miradas bajo un tren que derrapa, pero este cuerpo,
este cuerpo no toca ángel, hastía.
Mal de amada, “malamada” ejerzo en Fuencarral
cabeza baja, buscando el paso.
Mi ancianidad frente al  rustico mancebo que parafrasea
profecías, la daga y la burla de la mañana a la noche
durante novecientos días.
Donde metí el pie caí fatal en  una muralla de insectos.
El Pinus-conus de Canadá suspendido a la nube
cobija agujas y desaparece en los granos de bellota
donde la sabiduría falsa entretiene al relámpago.
El poder de la burla  diezma al rebaño que pasta bajo el vendaval.
Con  ruidoso trueno Aans levanta guarida.
Como pieza mal cortada  tiño  canas  -firme el color por tres semanas-
mientras Aans moretea  el vacío que desciende  a Dos de Mayo,
desvaneciendo  toda ilusión.
Mi cabeza encristalada, la comisura del labio caída.
A cada  despertar paso cuchilla a la textura,
nada de carne, huesos, restos…
Aans te “vaginaré” demencias, agitaré hilos de letras
te haré caos y maldeciré un libro.



Cobertura del caos

 

Cuando alguien te diga que no te ama, créele. No escuches más allá de sus palabras. No te entretengas en sus ojos. Créele.-
Salcedo.

Sin “rappresentazione”  no sé donde habría llegado.
Si el loco  se orienta por la quijada  entreabierta de las damas
el paraíso asemeja a la vida inalterable, complaciente
de la asqueada.
Señor, este jovenzuelo no se arrepiente de violentar el heno
y lisonjear al extraño propietario del olmo
que repite encrucijadas a los bandidos de la ciudad.
El no dar consuelo hace de Aans un signo negativo,
el maligno sin orejas que ríe a destiempo.
-Haz recuento de la infamia, reaviva el odio que barniza
tu aliento, saliva y comparece a tu juicio-
Circulan orificios en el corredor de su pecho
la tremenda sequia agrava la voz,
cuidadosamente tose esperpentos, transitorias arpas,
desvencijados instrumentos de manipulación.
Aans utiliza mis ovarios para cavar en Madrid,
el túnel del  infierno.


 

 

Le blanc souci

 

« Le blanc souci de notre toile ».
Mallarmé.

La blanca tela anuncia nieve en mis manos.
El trazado llega a la bisabuela.
Golpeo el lino que cubre y quiebra
en presencia de un secuestro.
¿Quién decide esconderse en la tinta y nombrar?
¿Quién eludió el retrato y onduló mis cabellos,
¿Cuántos pigmentos rayaron mis ojos?
¿El mundo de ahora estaba hecho en el sueño de
mi primera mujer sin nombre, la viciosa maga
que ordenaba telas con crujido de almidón?
¿Sabía leer o me dejó la oscuridad?
¿Sabía elaborar pociones, desvanecerse en el sexo?
¿Fue comprendida su caligrafía entre carruajes y cegueras?
¿Aun queda la gracia del gesto, la ironía, el encantamiento?
¿El amante perverso dejó nombre?
¿Qué sutileza en los ovarios, qué pereza y semejanza al bulbo la preñó?
¿Obtuvieron causa, hubo rondas, destilaron vinos?
¿Qué llena el ánfora de mi pecho que la siente
incomprendida y yo portadora de ir más lejos?
¿Hubo esterilidad, suicidios, hundimientos?
Alguien debe ser la causa de mis genes mal puestos.
El himen de mi madre fue arrasado bajo el murmullo de comadrillas.
¿Es qué sangró por todas?
Mi abuela fue al norte tomando la mano de Gerardo Sabas,
el querubín de la lecha fresca.
¿Por  qué solo fueron setenta años de encuentro?
¿Qué leyó en la Tora el día de mi nacimiento?
Mi hija delicia con la uña, hinca mi ignorancia,
de sucesivas sé que es grave la tripa,
¿quién nos dejó escondites en las entrañas?
¿Quién me ha marcado este amor complejo, estos
desalientos?
Me encuentro  impaciente de nominar culpables.
He sido penetrada por sucesivas enredaderas,
anduve sola traduciéndolas,  traduciéndome
a una lengua extraña, incesantemente en dudas,
vaciando palabras, contando letras.
En mi cábala enloquezco de este salto que me arroja
secretos.
¿Cómo confesar que fui fractura,
exiliada oscura en la noche de Europa?
Mujer unida a muertas fugaces, mujer alimento
de aves de paso y amé por ellas, amé en variantes
e incesantes perdidas a un solo hombre.
He  llegado al contorno de mi sombra, mi perfil
se desbarata con la edad  y el triste ademan de la pluma

que cae.

Devoro el índice, la luz talla el orificio que fluye hacia la

nada

de eso que fueron hechas y yo carezco.




Eje de cuentos

Cuando te fuiste al chale de la montaña con cuatro turbios desconocidos
a fumar todo el fin de semana, mi vientre engendraba
un feto que temía.
Recuerdo que la angustia nublaba las calles
y me preguntaban direcciones y yo entregaba,
atrozmente entregaba  lo último que recuerdo estando viva.
Hubiese podido quedarme si no fuera por mi frágil
corpulencia y esa antigua seducción hacia el desastre.
Heme de regreso al hueco de la aguja,
cabeza de alfiler donde las brumas queman,
los mediodías son plomizos lamentos
las tardes deshacen el mundo,
la anoche aterra.


Sácame de tus días

 

Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo.
Julio Cortázar

El cerebro en  papier mâché, papel estrujado, con rabia arrinconado entre los dedos y la palma de la mano, destruyendo tinta, fibra, hilo, sostenido en virutas. Me has pedido: “sácame de tu geografía, sácame de tus días”
El papel escucha el golpe de mala suerte, su escasez de tantra, mandra, mantra, manta, teta y ombligo. Dientes picados para sostener mortalmente una sonrisa enigmática, Mona Lisa rasgada , rota en la espalda por sostener todas las miradas del planeta, una fisura que sale del silencioso Louvre y penetra hasta los pies de cualquier mujer en circunstancia de olvido, que tararea “ohmm ahmmm amor, dede”…figurillas de acertijos: “bebe, nene, chuchi”… inerte violencia del traspiés.
Una maleta de utensilios, ropas limpias en los bajos de una escalera, quien baja y sube desconoce al dueño, si hay dueño y le interesa ver la tendedera donde el sol, y las presillas plásticas saltan alegres al vacio.
El metro cerca, dos seres distintos, quizás  tres escuchan a Vever beber, beber en fortaleza. En Chernóbil sobre la cima de la nube  prometieron romperse.
Detrás de un paraban de seda estoy, la espada presta, corta samurái,  sin honor las tripas afuera.
Llueve, sobre la ciudad. No sobre la tuya, ni sobre la almohada de ambos.
Quiera que la guerra termine, y te pueda proteger la pantorrilla con tanta humedad en los andamios.


mME bOVARY


Irreverencia

El padre se desabrocha el cinto. Caerá cuero, habrá verdugones y malvas en la espalda, las costillas, las nalgas, en la casa de los cristales rotos a puño abierto. El muro no aguanta un puñetazo más. Ha tirado el desespero, el alimento y el castigo sobre la niña que se siente pared azul y ladrillo.
“Toma la cuerda, ahórcate papa,  terminemos, me espera otro destino, el que amo escupe a mi paso, me incita a acostarme con el primer venido, rompe como tú las puertas.  Pondré la mano que quema, sobre tu, su cabeza”.
A la salida del metro el aire calienta y floto. Dicen que tomo demasiados  barbitúricos para despertar.




Filosofía en trocitos

“Yo sé muy bien que un escritor no llega nunca a escribir lo que él quisiera escribir y que cada libro nuevo…, un libro más es, en cierta medida, un libro menos, menos en ese camino para irte acercando al libro final y absoluto que nunca escribes, porque te mueres antes” Julio Cortázar

La llaga no me hace estrella,  ni me aporta fabada,
pero debo descifrarla.
Me levanto con introspección en el hígado,
si hubiese bebido no tuviera esta recaída de domingo.
Por zurcir el ajusta senos en mi destartalada finca del pecho
se creía imprescindible cuando yo cortaba cuerpo
para que comiera sin el asco de sentirme entera.

Vaca por piezas, medusa sin cabeza cucaracha sin patas
veían mal cuando se echaba  a los canales públicos y llovía.
Galopaba bien torácico, confundiendo  la entrepierna con
el lucero de Belén, colgaba las botas al revés
-al revés al revés bandido no hay ley-
en la dislexia  del viento, fumando el herbazal de Malasaña.
Bajo su cuerpo la sabana calla, el puto
que en la madrugada se ahorca entra en sueños.
Sin tener plan enfermizo de vigilarle la Pinta, creyendo
más que Colon frente a los tripulantes que era tierra,
metía el grito.
y no había tierra, solo un trocito de la  vistosa publicidad de hace siglos.

 

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