Cuando el silencio mata (elegía diferida por David Lago)

POR Javier Guzmán Simón en

Sátiras de Bio-Estética

Cuando el silencio mata (elegía diferida por David Lago)

25 DICIEMBRE, 2011

Le debo una verdad a la mentira.

24, 25 ya de diciembre. Hace meses debía haber escrito una elegía por David Lago González. Sé que no es el mejor momento, estoy borracho y anhelo la neblina del sueño, pero cuándo es buen momento si se evita la muerte… Hay una tal Anna de Codorniú que me acompaña, pero lo que más me azotan son lo remordimientos. Escucho como cada vez que escribo ’La muerte y la doncella’ de Schubert D.810. Le debo una disculpa a David Lago por no saber cuánto dolor guardaba su corazón. Por no haber sabido pararme en su tragedia y haber traspasado los 500 km que separaban nuestras vidas. Es esta apatía de la ‘libertad’ la que no me deja estar cuerdo. David tenía exactamente la misma edad que mi madre, ella tuvo la fortuna de salir de Cuba antes del año 70, pero a mí no se me quita ese regusto amargo de aquellos a los que debes tu propia libertad porque lucharon por la suya. Hay algo que aprendes con los años; lo que eres te lo han prestado aquellos quienes lucharon para que fueran verdad sus sueños. ¿Serás capaz de estar a su lado, a su altura?

Sin creer en una razón para morir y hemos sobrevivido sin estar seguros de una razón para vivir. Hemos zarpado en neumáticos de camiones, tractores o bulldozers, a veces a cambio de 10.000 pesos; hemos sido ametrallados y hundidos en aguas cubanas o internacionales por los guardacostas cubanos; sus homólogos norteamericanos nos han recogido y otras veces nos han regado con fuertes chorros de agua de manguera para que no pisáramos suelo estadounidense y poder ser devueltos a la Isla; nos hemos ahogado y nos han devorado los tiburones. Hemos sido escupidos, insultados, vejados, humillados, apedreados, mutilados y muertos. Hemos sobrevivido al salto.

Fuera de Cuba, hemos limpiado aseos; hemos fregado platos y calderos en cocinas de restaurantes inmundos; hemos vendido tabaco de contrabando en la calle; hemos cuidado enfermos terminales en sesiones nocturnas; nos hemos disfrazados de muñecones de Barrio Sésamo por unas pesetas y un sandwich, o de ridículos Muppets para fiestas infantiles; hemos hecho el turno de noche en alejados truckstops; hemos comido en comedores de refugiados y de indigentes; hemos comprado arroz para perros con tal de ahorrarnos unas pesetas; nos hemos prostituido a diez mil pesetas el polvo; hemos esnifado cocaína o el anzuelo del pico nos ha enganchado, o hemos seguido bebiendo porque la antigua excusa política se había convertido en adición; nos hemos muerto de SIDA o nos hemos suicidado; hemos iniciado y terminado amores y fornicado sin temor a ser espiados; nos hemos doctorado en universidades norteamericanas, pero muy contadamente en las españolas, a pesar de ser “nuestra Madre Patria”; hemos obtenido buenos trabajos y pésimos trabajos; hemos pagado nuestros impuestos; hemos permanecido largas horas haciendo colas para renovar nuestros permisos de trabajo y residencias soportando calladamente un tratamiento policial vejatorio, y nos los han denegado aun cuando nos halláramos trabajando legalmente; funcionarios de las instituciones competentes nos han extraviado los expedientes sin otra explicación que sobrepasara un leve encogimiento de hombros y la incertidumbre del futuro burocrático.

Todo lo que hemos perdido no es compatible con lo que hemos ganado

Somos los mismos y al mismo tiempo somos los otros que la cotidianidad moldea subrepticia y lentamente.

Todo esto dice David Lago y yo no soy capaz de darle una respuesta razonable, porque el dolor se asilvestra ante cualquier razón que pretenda ser decente. David, lo siento, yo también te he fallado, ayúdame desde el cielo a recordar que no soy más que la libertad que otros me dieron.

(Talkin’ ‘bout) My Generation

Nos fue negado el romanticismo.
Nos retiraron antes de montar
la cabalgadura con que los utópicos
trotan por encima del foso de las ideas
y atraviesan las puertas del castillo de la juventud reticente.
Nos fue negado el descubrimiento natural de la vida:
muerte, dolor, justicia, certezas y dudas,
espontaneidad.
No hablo de derechos.
Nos fue negado el error.
Se nos quiso exterminar por convictos inservibles.
A cambio, nos fue dado el silencio.
La sospecha, el miedo, la desconfianza,
la inocencia rota por la observancia de las maneras frágiles,
y el rechazo también al siempre trémulo corazón.
Rigidez, y andar por años con un pesado libro sobre la cabeza
para mantener erguida la figura,
como si fuéramos internas de una cruel y absurda escuela de modelos.
A la salida, nos fue enseñada un arma,
que tampoco se nos entregó
porque fuimos considerados indignos de su mecanismo.
Así crecimos, así reímos, así amamos.
Así vivimos.
Hasta hoy.

Sátiras de Bio-Estética

Por tanto, no digas que fulano vivió mucho, porque tiene canas o arrugas; no vivió mucho, sino que duró. ¿Pensarás acaso que ha navegado mucho aquel a quien una brava tempestad le asaltó ya a la salida del mismo puerto y le llevó asendereado de aquí para allá y al antojo de los contrarios vientos enfurecidos, haciéndole girar en un mismo remolino? No, no es que haya navegado mucho, sino que se ha mareado mucho. SÉNECA

היום אני לא ראיתי את גן העדן

Dziś nie widział paradise

Сегодня я не видел рай

הייַנט איך האט ניט זען גארטן פון עדען

Today, I haven’t see the Paradise

Aujourd’hui Je n’al pas vu le paradise

Heute ich habe nicht die Paradise gesehen

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