Sentado en el aire , de Juan Carlos Recio

 

Por  Arístides Vega Chapú
Si quieres que te recuerde, sóplame. Decía Lezama Lima, uno de los poetas cubanos preferidos por Juan Carlos Recio, quien parece coincidir con esta máxima y sopla constantemente a través de la comunicación digital poemas y mensajes con las palabras que suelen usar los amigos para convertirse en imprescindibles a pesar de la distancia, que en su caso es más que geográfica, pues el poeta reside en Nueva York, es decir en esa zona que por tensiones políticas sostenidas hasta hoy suele ser vista como tierra minada.
Nada de eso le ha importado a él para sostener un diálogo desde la verdad, es decir desde la poesía, la suya y la nuestra en ese compartir como si ambas se escribieran sobre la misma tabla.
Los telégrafos en blanco y negro y los anuncios rústicos/ y la ruindad de esos reyes en cutara/ que gobiernan la vida nocturna/ y tienen rostros de la próxima vejez, / y una estación de trenes que aun como la caridad/ se ampara en Marta Abreu. (Viajero a Santa Clara, pp66)
En el año dos mil once la villaclareña editorial Capiro publicó un segundo libro de este poeta, Sentado en el aire, que es a mi manera de ver junto a un poemario de René Coyra lo más sobresaliente en este género publicado en ese año por esta editorial.
Salto cualitativo de una poética que hasta ese momento en que se publica este nuevo título solo podía conocerse con el ya agotado título El busca luz colgado que la propia editorial Capiro había publicado en el ya lejano año noventa y uno y a través de algunos poemas que fueron publicados en la revista villaclareña Umbral.
Ahora cuando escribo estas palabras con las que quiero agradecer más que nada la aparición en la editorial santaclareña el poemario del camajuanense radicado en los Estados Unidos tengo sobre mi mesa los tres libros que a estas alturas de vida Juan Carlos Recio ha logrado publicar. Además de los dos libros publicados en Capiro en el dos mil once logró publicar el poemario La pasión del ignorante, en Editions Hoy he visto el paraíso, cuya edición estuvo al amparo de dos poetisas amigas Sonia Díaz Corrales y Margarita García Alonso.
Los textos que se juntan en Sentado en el aire tienen toda esa perfección de orfebre que escasamente se observa en la escritura desaliñada que en su mayoría accede a las editoriales y concursos nuestros. Una escritura que otorga toda jerarquía a esa perfección a la que se accede en la lírica.
Las verdades, Peces fritos, Cuentos clásicos para colorear, Hay un hombre en la cruz y Sentado en el aire, son las cinco secciones que juntan más de cincuenta textos escritos en diferentes etapas, aún cuando en su aliento, sosegado y sostenido no se descubran esas distancias de tiempo entre un texto y otro.
Justo en el poema Viajero a Santa Clara, que aparece en la página sesenta y seis, el poeta vuelve a andar por calles santaclareñas, sitios emblemáticos como el Mejunje y conversa con personajes cercanos como Ramón Silverio, desde una nostalgia que se deja testimoniar en versos construidos con nitidez desde la emoción y el recuerdo de vivencias que le son importantes.
Juan Carlos Recio junta sucesos pasados y presentes, paisajes de su infancia y los que en la actualidad disfruta, personajes reales con personajes ficcionados, como si todo ocurriese en un mismo espacio de tiempo y geografía, pues este libro cuenta con una dramaturgia que posibilita una sucesión gradual de revelaciones en un poemario muy bien pensado en cuanto a su ordenamiento.
Sentado en el aire, no es de modo absoluto la sumatoria de historias emotivas que se entrelazan con destreza en un espacio que aunque simula ser real tiene toda la magia de la invención de un poeta. Es más bien un reinvento de ciudad, patria, mundo, que Juan Carlos Recio llena de trazos, es decir de caminos, que le posibilitan a él y a sus lectores una elección con la única condición de estar comprometidos emotivamente con estas historias.
(Fragmento de ANTE LA PUERTA DE LA LEY, libro inédito de Arístides Vega Chapú)

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