Celebro con el poemario 4C, el 63 aniversario de David Lago González, el poeta condenado por honesto.

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David Lago González, el poeta condenado por honesto y por su poesía radiante, simbólica, ética, imprescindible en el estudio de las Letras CUBANAS, el  amigo maldito, el amigo padre/hermano, el omitido , el censurado, el perseguido como si hubiese escapado de la isla y arrastrara las maleta de los poetas del ESTE…hoy celebra la aparición de otro libro : “4C”, libros que no dejarán de salir mientras me alcancen las fuerzas. 

DAVID 4C

© David Lago González, herederos.

©1ª edición Editions Hoy no he visto el paraíso, 2013

al cuidado de Margarita García Alonso.

ISBN:978-2-919441-26-6

DL Biblioteca de Francia.9782919441266

4c david lago pdf no comercial

4 C – Nota

Decido publicar el libro “4 C” con el que he concursado para el Premio Loewe 2008, otorgado a la poeta Cristina Peri Rossi. Indiscutiblemente, ni mi inocencia ni mi esperanza eran completas cuando decidí participar en un concurso, pero también siempre queda la posibilidad de la duda o del “tal vez pueden equivocarse conmigo”. Hasta es posible que en uno quede la duda de la honestidad (y por “honestidad” me refiero a confiar en la del jurado por su trayectoria creativa mostrada a lo largo del tiempo). No creo que mande el texto a ningún otro certamen pues estoy un poco crecidito y lo suficientemente cansado como para estar continuamente llenándome de ridículas ilusiones juveniles con premiecitos de Cierza o de no sé dónde y mostrarlos después al mundillo intelectual como si me los hubiera otorgado Jorge Luis Borges en persona.

Me es indiferente que cuatro o cuatrocientas personas puedan llamar “despecho” a esta reacción. En algún momento he pensado reproducir aquí el poema de la autora titulado Vida de Familia y que ayer 27 de noviembre de 2008 reproducía el diario El Mundo, pero creo que, no ya la calidad del libro con el que he concursado, sino solamente el esmero que pongo en este blog (Indicios de dersorden), tan etéreo como la misma vida, están por encima de lo que he leído como ganador. Yo no soy un genio, pero me pregunto cuántos mejores trabajos que el mío pueden haberse presentado y pienso en cuántos como yo hemos sido insultados. Es lamentable que confundan un premio a la creación con una ONG o con el Inserso.

Cuelgo los poemas empezando desde el final, para que el orden quede como el de un libro real, físico, preferiblemente en formato de bolsillo pues detesto la cubierta dura de las ediciones lujosas. En fin de cuentas, qué es uno sino un orgulloso paperback writer.

(Madrid, 2007-2008)(C) 2008 David Lago González

I hadn’t a cat yet.

Sylvia Plath

Y todavía no tengo un gato.

El que tenía, lo perdí.

Lo perdí en el bosque a causa de este terrible miedo.

Y se volvió un salvaje,

macho nocturno de vivaces ojos azules

que iluminan los sesgos de esa agreste hierba rala de Castilla

y las frondas espectrales, más que troncos

escuálidos dedos que se empinan hacia el cielo en busca de El Greco.

Me dicen que aún reconoce el nombre que le di.

Pero ya es un hombre de peligros,

hecho a la vida ruda,

a la carne apenas tibia del muerto,

a la fibra tensa del que huye de sus dientes.

Aunque mejore, aunque me ponga bien del todo,

aunque un milagro ocurra

y desaparezca este quieto temor

que me ayuda a esperar y rechazar,

no volverá de nuevo.

¿Cómo, acaso, podrá confiar en mí una segunda vez?

¿Soy yo el muslo firme de aquellos viejos versos juveniles

que ni siquiera imaginaban la posibilidad de alguna vez clamar en el desierto?

No, yo ya no soy nada

con lo que se deba ajustar un pacto de vida otra vez,

una alianza de amor, ni siquiera un trasunto de mercadeo:

estoy y no estoy.

Ja, ¿recuerdas, Enrique, que teníamos esa suerte de apuesta?

Las palabras se repiten, o se hacen hombres, crecen

y se hacen viejas, y son las mismas que pronunciamos

pletóricos, ausentes del dolor, insolentes como una risotada.

Sí, sin duda alguna,

el último acto valeroso de mi vida

fue forzar su libertad: los gatos no aceptan la muerte

de quien tanto les debe y al que todos, mecánicamente, llaman “amo”.

(marzo 2008)

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Hoy hubiese cumplido 63 años el poeta DAVID LAGO GONZALEZ, autor de Editions Hoy no he visto el paraíso,  era mi amigo y me falta. Dedicamos la página  de la Editora EN fACEBOOK  a compartir poemas, textos que hemos publicado y otros que se encuentran en edición de futuros libros.

Hoy, 23 de mayo ve la luz su poemario 4C, pdf que recibirán los amigos ( los interesados pueden acceder tras demanda) Regalamos este libro (hablo en plural pues le incluyo) pues una vez mas CONTINUA el OLVIDO, del exilio, de las editoras, y  “todo- terrenos” de la Literatura cubana, hacia quienes escriben y hacen de este su oficio,  su misión en la tierra. Gracias.

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David Lago González. Camagüey, 1950. Madrid, 2011 Poeta. Escritor. Formación autodidacta.

Vida vivida, a dos mitades, entre Camagüey y Madrid.

Durante la etapa cubana, sin filiación política ni institucional alguna. Sin filiación intelectual en los órganos de control de la actividad artística (UNEAC, Bgda. Hnos. Saínz y talleres de aprendizaje para como escribir de acuerdo a la “tolerancia” estatal. No premios, ni libros editados.

Durante la aún etapa española, sin filiación política ni institucional alguna, ni intelectual ni grupal. Dos cuadernos de poesía publicados por Editorial Betania: “Los Hilos del Tapiz” (agotado) y “La Resaca del Absurdo”. Antologado en diversas ocasiones, así como colaborador de numerosas revistas en formato papel y virtual. “Lobos”, “Manual de Convalecencia”, “La Fascinación de lo Difícil”, “Memorias del Este”, “Jazz Session”, “XX Aniversario del Éxodo de El Mariel”, “La Mirada de Ulises”, y “Tributos”, publicados en Ediciones Timbalito (ediciones artesanales, de carácter no venal), de las que fue editor e ilustrador.

Independiente total, literalmente. El concepto de “patria” le produce el más profundo rechazo, y pánico.
David Lago-González

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INDICIOS DE DESORDEN

HERIBERTO PENTHOUSE

STRAWBERRY FIELDS FOREVER

 “OLD SPICE”

 “Memorias del Este”,

Los sonidos del silencio

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David Lago) El poeta que siempre existió
por León De La Hoz
No tengo ningún reparo al decir que David Lago es uno de los poetas vivos más sugerentes de la poesía cubana y, posiblemente, el que más incomodidad produce socialmente. Esa puede ser una de las razones por las cuales se le conoce mal y poco, ya que si los poetas han cedido en preferencia a los narradores, es menos probable que pueda interesar un “maldito” como Lago. Su poesía hecha contra corriente, malediciente a veces y maldecible por algunos, no consiente otra norma que la de su ética frente al conservadurismo de todo tipo, la represión política y los tópicos culturales que amenazan la libertad del individuo, y ese es uno de los valores más diferenciadores dentro del conjunto de la poesía cubana ahíta de complacencias. Bajo esa sombra compartida con sus poemas ha fabulado una obra particularmente centrada en sus ángeles y demonios, sin otro destino que no sea la sinceridad del diálogo del poeta.

Si en algún lugar quisiéramos poner a Lago acorde con esas rígidas teorías de clasificación académica, quizás no habría sitio para él. No pertenece a ninguna de las generaciones literarias establecidas por los estudios de la poesía cubana, si bien el poeta nació en 1950 y publicó su primer libro en 1994, en el exilio, después de haber salido en 1982. Tampoco su poesía, de la que tiene varios libros inéditos, es propensa a calificaciones según el uso. Menos mal que poesía puede vivir sin el aire viciado de las escuelas, y los poetas sobrevivir. Él está, estuvo siempre, en el otro lado del espejo donde complacientes nos mirábamos los poetas y también en la otredad conque la política cultural cubana lo condenó porque el poeta estaba fuera de lugar. Nadie, a no ser los amigos poetas, se ha ocupado de él. El poeta parece no haber existido, aunque siempre ha estado ahí para sus amigos y Gastón Baquero, que en 1994 mencionó, cualificándolo, Los hilos del tapiz (Ed. Betania) como uno de los diez mejores libros leídos durante ese año por él.

Una de las cosas que primero llama la atención en este poeta es su actitud desenfadada y hasta descuidada hacia la escritura; posiblemente más de un verso y un poema necesitaría aplicarle el cruel remedio de la amputación, pero como diría Borges, en contraposición a Mallarmé, la poesía es mucho más que palabras. En ese sentido, posiblemente este sea un poeta sólo comparable a Ángel Escobar: fuerza, tanta que a veces irrumpe con el dislate; incertidumbre, tanta que la vida parece un plano inclinado; desasosiego, tanto que cada poema es como un sacrificio. No obstante todo eso es conseguido con la más extraordinaria naturalidad y es una de las cosas que más llama la atención del lector.

Leyendo los libros tardíamente publicados en España uno puedo comprender aún más una época de la poesía y la cultura cubanas, allí donde sus contemporáneos escribían poemas optimistas, “revolucionarios” y conversacionalmente romos, según exigían las normas de lo políticamente correcto, él buscaba no sin tropiezos un lenguaje diferente que primero fue próximo a Orígenes y por ese motivo lo condenaba al silencio. Luego, cuando el conversacionalismo comprometido era un cadáver que se enfriaba rápidamente, se apropió de la narratividad de esa poesía para contarse a sí mismo. De ahí que sus textos hayan devenido en narraciones autobiográficas y al mismo tiempo en testimonios de la inadaptación y la represión política padecida en su propia carne. No hay poeta que haya contado mejor el sentimiento de frustración, el desasimiento social y el dolor ocasionados por la política absurda y la represión a lo diferente, fundamentalmente durante la década de los años 70 en Cuba.

Con su poesía, David Lago salta por encima del cadáver de su generación biológica y se instala en un devenir, que no es el vacío neovanguardista o postmoderno de la poesía de los 90 que espantada de todo huye de sí misma, ni es tampoco la crítica reconciliadora de los 80; aunque, no obstante, toma de todas partes y adapta cada calzado a sus pies y al camino que quiere andar: La anécdota y el tono narrativo; el equilibrio entre la imagen poética y la prosa que a modo de versículos nos ofrece en gran número de poemas; el sarcasmo y la ironía como filosas tijerillas de descoser; la intertextualidad y sobre todo la que se produce a nivel de contextos culturales (obras cinematográficas, musicales, países con escenarios diversos); el indiscriminado uso de vocablos “antipoéticos” y de uso común; la beligerancia en cuanto al punto de vista; la apelación provocadora y, no menos importante, la actitud reflexiva del poeta.

Estos son algunos aciertos o desaciertos de poéticas revenidas de las que Lago hace una síntesis, cuyo mejor resultado es mostrar una poesía plena de excelencias y sobresaltos que a nadie deja indiferente. No importa que la corona del poeta no sea de laureles, sino de espinas, y que con ella no le dejen subir a los podios de los concursos ni pasearse por palacios, ferias y festivales. Él siempre estuvo y estará para recordarnos un hombre como cualquiera que sufrió, gozó y soñó para luego contarlo porque ese es el destino de los sobrevivientes, la verdadera generación a la que pertenece.

© León De La Hoz, publicado inicialmente en Ariadna

PORTADA DAVID

Últimas voluntades
David Lago González

No me anuncies en homenajes;
vivo o muerto, los versos son indivisibles de mí mismo
y ambos valemos lo mismo, mucho, poco o nada.
Si quieres, si quisiste,
alguna vez ser algo,
sólo extiéndeme una mano, tócame, siénteme.
¿De qué me valen tus palabras
si ya no tengo oído para escucharlas:
para que las oigan otros a favor de tu propia vanagloria?
Y ¿quién son esos otros para oír de mí?
Y ¿quién eres tú para juntar unas cuantas palabritas
al lado de un grabado insustancial y que todo quede tan fino, tan educado,
tan intelectual? ¿Es que acaso no sabes que, vivo o muerto,
sigo detestando tal podredumbre?
Como dice esa gran pensadora de los burdeles sabaneros:
“bórrame del cuaderno donde está mi nombre escrito…”
y no me muestres en el escaparate de lo bonito,
junto al dildo usado, la bandera y el bacalao seco,
las cutaras y el twang ergonómico de Calvin Klein;
¡y no me mezcles, por favor!
Respétame, sería el mejor de los elogios:
quiero que mi muerte sea tan anónima como mi vida
y, si es posible, que goce de un poco más de paz.
.
(Madrid, 16 de noviembre de 2004)
(C) David Lago González 2004

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