“La pasión de la reina era más grande que el cuadro”, por Joaquín Badajoz

1511328_791570930859903_815106057_n

Por Joaquín Badajoz

Hace poco menos de dos meses, el 18 de septiembre para ser exacto, recibí tres cuadernos de poesía de Margarita García Alonso; y unas semanas más tarde, el 6 de octubre, para continuar con ese impertinente asunto de la exactitud, un breve mensaje: “la pasión, que explica un poco los poemas”. Al pie me adjuntaba una novella titulada: “La pasión de la reina era más grande que el cuadro”. Como me intrigó el título, tanto o más que el mensaje y, además, juraba que me enviaba las clavículas de Salomón, una carta de marear o clave para entender su poética, fue lo primero que me bebí. Me gusta, a veces, ser disciplinado, dejarme torear.


Como a esta alturas posiblemente entenderán, le creí; pero la liebre acariciada eriza el lomo, se transforma en gato montés. Pronto dejó de ser la suave pata de liebre de la buena suerte —esa que algunos colgaban de un llavero antes de la revolución vegetariana—, para clavar sus gatunas aguja hipodérmicas, y la inquieta nariz de liebre me sonrió con la grotesca y diabólica mueca casi humana de Popotas, el gato de Bulgakov. Y mientras eso sucedía, mientras seguía el ritmo de su prosa alucinada y gestual, fui comprendiendo que había sido engañado, pero no tanto. No era esta la llave maestra para navegar su poesía, sino para entrar a su atelier, es decir, hurgar un poco entre sus obsesiones y su mundo caótico.

“Para contar la historia del cuadro he tenido que engordar quince kilos”. Avanza el imán, con una gravedad, a estas alturas de la vida, andrógina: puesto que la vanidad se maquilla y se viste unisex. Lo que continúa es un episodio, sino totalmente testimonial, descarnadamente veraz, en el que se cuenta, casi todo el tiempo en primera persona, una historia rara y fascinante, la de una mujer, una artista madura, encerrada en su cuarto frente a un ordenador, viviendo al mismo tiempo varios mundos virtuales. Tan potente son sus memorias como su psiquis surrealista, los personajes reales o imaginarios que la habitan; porque esta mujer es un lienzo, un palimpsesto cubierto de infinitas cáscaras de óleo, que se resiste a dejarse concluir. Un cuerpo que cuenta su vida por cicatrices, esos “dispositivos de reminiscencias”, como aseguraba ese otro guajiro galo ilustre, Severo Sarduy, cuando escribía que “cada uno podría, recorriendo sus cicatrices, escribir su arqueología, descifrar sus tatuajes en otra tinta azul” (Arqueología de la piel, El Cristo de la Rue Jacob (Barcelona, Edicions del Mall, 1987). Pero donde Severo va a la marcas que cuentan una historia, Marga se explaya en la depauperación física y mental, la enajenación, que dejan marcas más profundas y deprimentes que cicatrices, ese desgaste que más que a una anécdota precisa alude a toda una epopeya vital, al paso irremisible del tiempo: descubrir frente al espejo que le regaló su hija las imperfecciones de sus poros, “un diente postizo, el antiestético que me colocó el dentista de la Avenida de Graville en Le Havre, a quien no he matado porque partí. Qué horror de diente. Me ha dejado entre el implante y la encía, el manchón negro de la raíz del diente desvitalizado, el cual sigue oscureciéndose y me impide reír. (…) Cuando tenga dinero me haré una sonrisa de capital y trabajaré en el Reina Sofía, o en la televisión española, repleta de animadoras viejas, gordas, arrugadas, tontas y llenas de mimos, quienes ganan altos salarios y no tienen vergüenza en hablar sandeces”. O cuando constata que no le “ha salido otra arruga en la cara, pero el óvalo del rostro sigue cayendo. Cae a partir de la comisura de los labios en la incipiente papada y me deprimo. El doctor me ha anunciado que entro en la menopausia y la palabra me larga a la transparencia. No es como tener ojeras, enojarme, o perder peso. Es nunca tener fines de mes, de treinta a treinta y un día fajándome con las facturas, los manuscritos que se acumulan y contagian esta cara que ya no existe”.

“La pasión de la reina… “ no es un rosario de penas; es más bien un diario febril, solo que su protagonista tiene suficiente coraje para narrar también sus desilusiones y fracasos, mientras de paso, sufre y vive, disfruta —puedo pensar— una historia más intensa que la de cualquier heroína. Y así, desbordada, riela entre los desahuciados, se deja seducir, seduce, vive vidas paralelas, construye ciudades y ordena —como hiciera alguna vez frente al computador matando la abulia y el sin sentido en juegos virtuales— un reino en el que ella es diosa coronada.


Esta es la historia de la mujer tras el papel, el código secreto, que como ya había anunciado, no me serviría de nada para leer su poesía —si acaso para escuchar otra versión paralela, para avisarme que me esperaban cornetas de bronce y una mirada descarnada contemplando el mundo cuántico …+ en
badajoz
JOAQUÍN BADAJOZ Miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE). Es presidente de la Comisión de Relaciones Públicas de la ANLE, miembro del consejo editorial de Glosas, de la ANLE, y miembro del consejo editorial de Cuadernos de ALDEEU (Asociación de licenciados y doctores españoles en Estados Unidos). Ha publicado los ensayos Excursión de Thor a Utgard, Colección Premio Calendario, Editora Abril, La Habana, 1996; Reinaldo Arenas a las puertas del delirio, en “Locura y éxtasis en las letras y artes hispánicas”, Cuadernos de ALDEEU, Vol. XVI, No.2, Nueva York, Marzo 2000; Exilio y Nacionalidad. La nación y la emigración en la encrucijada de los estados postnacionales, en “En el centenario de la República de Cuba”, Instituto de Estudios Cubano, Editora Corripio, Miami 2004; La sobrevida: Sonetos de la Muerte de Odón Betanzos, en “Odón Betanzos Palacios o la integridad del árbol herido”, Gerardo Piña Rosales, Ed./Circulo de escritores y poetas iberoamericanos de Nueva York, Nueva York, 2004; España Regurgitada (una lección de antehistoria, un artista cubanoamericano del spanglish y una aventura neosurrealista en la ciudad sitiada), en “Hispanos en los Estados Unidos: tercer pilar de la hispanidad”, Teachers College-Columbia University, Nueva York, 2004; entre otros. Ha publicado reseñas, poesía y narrativa en varias revistas y antologías de Cuba, España, Estados Unidos, Francia y México. Es editor ejecutivo de la revista Cosmopolitan en español. Reside en Miami, Estados Unidos.

 

Anuncios