Poemas de Breviario de margaritas, MARGARITA GARCÍA ALONSO, en BLACK DIAMOND EDITIONS

en

MARGARITA GARCÍA ALONSO

Archivado en (MARGARITA GARCÍA ALONSO) por Blackdiamondeditions el 28-12-2013

BREVIARIO DE MARGARITAS, UN NUEVO LIBRO DE POESÍAS DE MARGARITA GARCÍA ALONSO MUY PRONTO POR BLACK DIAMOND EDITIONS

 

               

PORTADA DEFINITVA 5X8

…..La poesía tiene esa suerte de no transitar por el tiempo sino convertirse en él, y  ser a la vez espacio indisoluble e imperceptible de la memoria donde la incoherente fantasía de lo mágico-real se confunden con la otra realidad, y lo fantástico se pierde en ese desabrupto de los límites que la rigen.  Me ha llegado como una ofrenda de los dioses y de las manos de la autora Margarita García Alonso, este poemario BREVIARIO DE MARGARITAS,  y he podido mediante la lectura de sus páginas adentrarme en este mundo creado precisamente por la autora, desde una perspectiva menos conceptual, pero si enfocada en los elementos de un lenguaje que sin dramatizar recrea una atmósfera de juegos verbales en su limpio manejo y acertado uso de los recursos, y un discurso desplegado con absoluta voluntad creativa…”

Los invito entonces a disfrutar de esta selección de poemas, pertenecientes al Libro BREVIARIO DE MARGARITAS, que nos ha ofrecido gentilmente su autora, confiando que estamos en presencia de un libro que como “Breviario también del tiempo”, no podemos dejar de leer…. Este libro será publicado muy pronto por la Editorial Black Diamond Editons y estará disponible y a la venta por Amazon….

 

Tres hombres se han sentado frente a mí.

 

He encontrado en el periódico

que son tres los suicidados

pero nadie puede afirmar

si son ellos,

nadie  puede asegurar

que me he equivocado.

 

Apenas  salgo a la calle,

aparecen seres

con ojos cerrados,

cual rama  de  arbusto

la mano les sostiene la frente.

 

No hay equívoco,

el hecho se repite

con la precisión del cordero

que escapa de la yerbita

que lo puede matar.

 

En la gélida caja de escalera.

escucho el ulular del viento

golpes de granizo,

lenguas extrañas.

 

Tres hombres

enroscan varillas

para que vibre la catedral

de su espanto.

 

Me he prohibido preguntar

a extranjeros por el mal

y tiro el cigarrillo

 

pero nada explota, nada se quema

nada espanta a estos visitantes.

Voy  a contar lo  oído,

la herrumbre,

sobre el hierro caliente,

el número en el antebrazo,

el embrión fatal

 

me han preñado

una amapola de Tokio

que repite en sordina

lo que han dicho:

 

tengo en mí todas las lenguas.

 

 

Confesiones de una vagabunda.

 

¿Cuál amistad tendrá con nada  el que en todo es contrario de sí mismo?

Francisco de Quevedo

 

 

Antes de perder la cabeza

pondré sobre la mesa

la herida.

 

Quiero esconderme

en la plaza pública,

donde siempre he estado

al alcance, a la mano

sin perturbar o llamar la atención.

 

Quiero tener paz al nombrar

cada esencia que me ha matado.

 

De nada os sirvo,

podéis cerrar el cuaderno,

quemarlo,

escupirlo

depositarlo en el bolsillo

del suicida.

De todas formas

soy culpable:

he bebido poco

he fornicado menos

pero embriago

 

-borracha,

no admito finuras

en carne descompuesta-

 

ebria de sentir como olisqueas

en un verso

buscáis consuelo donde no hay,

buscáis compañía

cuando huyo.

 

Escasea el tiempo,

me voy a traicionar,

voy a vender

como postalita

mi  circunstancia.

Decorticaré cada ciudad,

cada perro,

seré breve como un rayo:

no me ha acompañado

la suerte.

Desde que partí de mi tierra

no  he recomenzado,

solo cuadernillos,

mendicidad

y este breviario

de  vagabunda estacada.

 

Me dijeron calla,

pero no he obedecido.

 

Aprende: no soy perla

de altar, ni manto

que busque espalda.

 

Quizás hasta posea

lo que necesitas,

pero puedo mancharte,

 

estoy sucia como una

frase de usurpación

a la deriva del Danubio.

 

He fallado:

quise retenerme adolescente,

quise que mi hija fuese siempre niña,

pero usé el santo que no  conviene,

jugué el número que no tocaba,

usé la bárbara costumbre nórdica

de la sal

 

sal gruesa en la acera,

sal en la puerta

para espantar la nieve,

el mal ojo, la escasez,

la fatalidad.

 

Pero llueve

y sobre el nueve la lluvia,

rastrojos de mudanza,

ropa usada,

fotos en el cajón de cocina

junto a utensilios oxidados

como tú y yo,

extranjeros de especie.

 

Una mujer común,

con  una camisola de hospicio

rasgada, amarillenta,

sin identificación.

que te confiesa

llamarse  Margarita.

 

 

Los peregrinos de ultramar.

 

La  noche en mi espalda,

fijo la estrella que sacude el iris,

a merced del dedo nervioso

que arranca florecillas.

 

Soy la huérfana de  la estación de trenes

tras la humareda de la  tisana.

 

Es invierno y respirar nubla

la casa que nunca existió,

en un pasado de pajarracos

que emigran a lugares inseguros.

 

Peregrinos que entrecruzan

líneas en cartas de navegación

y lloran al niño que han dejado

en el estiércol.

 

La ambigüedad  les somete:

-ser  hacer trepar seguir

nomeolvides que marchitan-

 

Vejestorios  que gozan

de inmovilidad, ciegos

latidos en la sien

oscilan entre glorias pasadas

y la tortuga que se  reposa

en un charco.

No visualizan

dónde llega esta  muerte,

si  arropa el lecho de musgos

donde se pudren los padres,

si reciben el rocío o escuchan

cuando cambian la flor plástica

de la jarra.

No han podido,

desconocen el sauce,

la tumba de aquella que

pedía el trapito,

“dame el trapito

con que mi hijo durmió

toda la infancia”.

 

Expulsados de verbo:

 

-hacer, rehacer,

bordar, desbordar,

pelear, pelear-

 

porque el tiempo

nos devuelva

y jamás emprender

otro viaje

que el dispuesto

por la cerca.

 

Da igual, qué contienda,

madre mía qué contienda

reconocer que se ha estado lejos

con el corazón prisionero.

 

Los parásitos deambulan

en mi memoria inexacta.

No sé, no sabemos

si es realidad la otra que soy,

los otros que fuimos.

 

Las termitas  hablan fuerte

en el granero habitado de  polvo,

rincones oscuros

donde es fatal  meter pie,

y en fin de misión doy a luz,

contraigo la vagina,

me doblo en dos,

frente a  cualquier curandera

que arranca fetos con

percheros afilados,

perchas que nunca vistieron

esta desnudez de extinta infante

de lazo y flores secas

 

y yo,

 

una vez más en paritorio

inacabada, impotente

he venido a restregarles

sangre,

 

la que da el cuerpo

por el bajo vientre

y mira la palabra

recién nacida,

sin gritar.

 

 

 

Meadero.

 

He olvidado mi lengua,

escrupulosamente anoto

dispersas sensaciones

en un bar holandés.

 

Medianoche  de efluvios,

pongo cara de maestra en papiros,

de neurótica correctora de

la Real Academia española,

cuando dicto leyes ortográficas

que solo retiene el barman

si me pagan el mojito.

 

Nadie  se salva,

mi  acento provoca

una catástrofe  sexual.

 

Estoy esdrújula

confundo canales con piscinas,

el puerto con alguna laguna,

el cigarrillo a la mano

por si se animan a tomar fotos.

 

Siento, eso sí,  resiento,

gatos que maúllan

café que reverbera,

tripas que ronronean

vacas que no hacen ruido

pues están lejos y  escucho

 

respirar a mi abuelo Gerardo,

la mecedora

donde mi abuela Luisa

teje al croché,

silencios

la mecedora chirría

 

-chirría no es poético,

dice Don pantalón

del oficio que me maltrata-

 

pues

la mecedora de abuela

hace un ruido

poco poético,

como si pidiese

que regrese

pero  ha muerto

y tampoco sé cómo

se dice

madeja que cae al suelo

 

-¿mina, explota, desarticula?-

 

Tras las  rejas gritan

– marchan,  apoyan, manifiestan-

o simplemente ladran

los perros del rey.

 

La lluvia ácida en mi rostro,

no reconozco las calles,

el relámpago es solo un neón

de la casa de putas.

 

Me hace la vida imposible

esta libertad aparcada

frente a  una banda

que repite buenas noches.

 

De todas las cosas

un cuerpo

un cuerpo sin nombre,

incapaz de extraerme

del cóctel de drogas

donde he olvidado

que soy  vieja.

 

Tengo la impresión que este hombre

me ha conocido en todos los tiempos.

Es hora de abreviar la palabreja,

al menos que me prive de pecado y

decrete correcciones al escriba

 

-los que hablan se guarecen

donde escampa,

poco sufren el salpullido

genital de los academicistas-

 

Si le beso, todos los ruidos

dejarán de existir,

y le beso

sobre el lienzo difunto

de los pretéritos.

 

Amanece, las tulipas

bendicen mi bolsillo,

respiran el iluminado sudor

de esta criatura perfecta

que me ha penetrado

sin saber que se suicida

el Occidente.

 

Pero aún persiste el léxico,

la culpa, el abandono de mis muertos,

tan solo queda el olor de meadero,

el tufillo de orina  que se escapa

e instala en mi nariz.

 

 

 

Margarita fotoMARGARITA GARCÍA  ALONSO


Licenciada en periodismo de la Universidad de la Habana. Máster en Industrias gráficas, Francia. Ha publicado los poemarios “Sustos de muchacha”, Ediciones Vigía, 1988; “Cuaderno del Moro”, Letras Cubanas, 1991. En las Editions Hoy no he visto el paraíso han visto la luz los poemarios:  “Maldicionario”, “Mar de la Mancha”, L’aiguille dans la pomme”, “La costurera de Malasaña”,  “Cuaderno de la herborista”; así como el primer libro ilustrado sobre la obra de José Lezama Lima: “Lezamillos habitados”; las novelas para niños: “Garganta”, y “Señorita No y señora sí.”;  las novelas: “Amarar”, (también publicada en Ediciones El barco ebrio) y “La pasión de la reina era más grande que el cuadro”, 2012. Ha obtenido numerosos premios como pintora y otros tantos en concursos literarios. Laureada en la Taberna de poetas franceses, y publicada por “Yvelinesédition”, en Marzo 2006. Creadora de Editions Hoy no he visto el paraíso. Reside desde 1992 en Francia. En Cuba fue directora del semanario cultural Yurumí y editora de Casa de las Américas.

Anuncios