El tedio como lenguaje poético, por Ángel Velázquez Callejas

El tedio como lenguaje poético

Ángel Velázquez Callejas

El tedio como lenguaje poético
junio 02  19:48 2014
portada

He leído Deltedio (Hoy no he visto el Paraíso, 2014), cuaderno de poesía de Jesús Alberto (Tinito) Díaz, con gran simpatía. Otro cuaderno sobre poesía que incluyo en la selecta lista de mis preferidos. La lectura me hizo evocar uno de los temas cruciales en los que hice énfasis en El libro del poeta en actos (Neo Club Ediciones, 2012).

Mi empatía con el libro de Tinito es grande, oceánica, casi que me disuelvo en su impulso  poético. El tedio –o para llamarlo con voz de Søren Kierkegaard, la angustia, el temblor  existencial– constituye una de las expresiones más auténticas del lenguaje poético. Nadie escapa en un momento dado de la vida, como intuyo de las experiencias expuestas por este poeta de origen pinareño a lo largo del cuaderno, a las adversas tensiones vitales. En lo abierto, en lo monstruoso del mundo del tedio, se escenifica con claridad cuán sumergidos interiormente estamos en una feroz lucha por alcanzar dos estadios principales: sobrevivir o trascender.

 

En lo segundo (en lo trascendental) caben los guiños de este poemario.

tinito poemarioHay algo de tesis en este libro que habría que explicitar: el tedio aquí se desdobla; no es solamente la angustia por lo conocido, por lo empíricamente vivido –lo cual trae por supuesto desasosiegos emocionales– sino también por lo que está por vivirse, por lo que está por  experimentarse en lo adelante aun sin saberse cómo. El pasado no parece alcanzar al presente dado que entre estos dos tiempos se abre una brecha, un abismo poético inconmensurable que debe llenar la imaginación del poeta.

Como acostumbro a hacer a través de la crítica literaria, más que interesarme el contenido de los textos persigo asir el espíritu de epojé de la libertad de la imaginación. Simplifico advirtiendo que, ya por el hecho de traer a la palestra poética un tema de tal magnitud ontológica, el libro de Jesús Alberto Díaz merece ser leído despojándolo de todo carácter museístico. No guarda nada para el pasado: se recrea sobre el presente y para el presente. Contiene la esencia viva de lo vital, y valga la redundancia. Me encanta además cómo está escrito: en forma de desdoblamiento entre la prosa y la rapsodia.

 

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