Cinco poemas de Margarta García Alonso en Signum Nous.

Cinco poemas de Margarta García Alonso en el octavo número de Signum Nous.

Cinco poemas de Margarita García Alonso

 

Balada de la regente.

 

No he tenido que matar,

mis esposos han muerto

de viejos, de cáncer,

de exceso de droga,

no cuentan,

copié versos de muchos poetas

en la esquela mortuoria

insistí en los vivos:  “vengan a casa,

copulen mientras duermo,

quiero despedir a mis esposos”

pero  fue pretexto para fiesta.

 

Nadie sabe

a quién dedico textos,

si son míos.

 

Iré a quejarme,

nadie comprende que

en cualquier momento

suprimo la palabra humano.

 

Fertilizaré  la cabellera

de los ausentes, cortaré cabezas,

siempre corto el pelo

a quien amo,

antes de que sea gris y apeste a

cocaína de novato

que  perfora coños

y vende boletas de  podredumbre.

 

Dejaos de celebrar

no escribo para entretener,

me suda la loca,

soy la puta sílaba,

sobre la goma pegajosa que ensucia

la hoja y deja un ciclé

semejante al culo de una perra.

 

Me voy a ver mis pastizales de vaca,

plastas de mi poder

soy I’ am

la que ha nacido para perder.

 

 


 

 Diario del pájaro

 

                I

  Pájaros azules revolotean

la ausente primavera.

 

Exasperan de frío

cantan a los Hombres

creados para destruir

al bosque lujuriante.

 

Han construido casas

en la ciudad,

la rama, la piedra,

el pájaro estorban

a la ceremonia.

 

Sobre el montículo de basura

se reposan las aves.

Las migajas de pan coronan

la insolente yerba

donde el perro vive el infierno

de perseguir  la bandada,

hasta convertirse en siervo

del Hombre que pregunta

si toda la vida estará

infestado de alas.

 

Le es prohibido al Hombre

despellejar  los deseos,

y  el Hombre chifla

entre edificios,

como un insulto

desgaja a las muchachas

que envían mensajes

a la ciega encerrada

en la caseta de la lotería.

 

Nada asusta más

que   un pie suspendido

en la bronca de subsistir,

desanimado por  ángeles

que han sido expulsados

de un jardín común.

 

Nada asusta más al Hombre

que el indigente,

cuando abre la boca,

deja de ser desconocido.

 

Estoy tras el trigo,

compongo melodías celestes,

que arañan   el pecho

y ese  hombre teme

que le confundan conmigo,

con este  pájaro de  paraíso,

que recompensa  a los cazadores

que  necesitan  trinos.

 

             II

 Como antaño,

el hombre saca el auto,

que le convierte en jefe

afectuoso de la tempestad.

 

El trigo se aparta,

el hombre  baja el rostro

hasta la rueda y aplasta.

 

En el viñedo, una  tribu

de alcohólicos de pueblo

busca  corazones secos

un  grano de embriaguez

contra  cualquier  bondad

la yerba  en trance

acaba de golpear

como si fuese un hacha

marchan desgajando

abrigos, carteras

desde  el montículo,

los pájaros envían mensajes

a la ciega encerrada

en la caseta de la lotería

una verdadera afección

por el número

sostiene  al  destino

en el puesto de la ciega

escucho a los pájaros,

niego de cabeza,

si pudiera despellejarme

el  deseo de hombre

estoy  tras el trigo

que corta las frases

con  ruido  metálico

necesito un trino

necesito  los pájaros azules

que revolotean

la ausente primavera.

 


 

L’ Uficcio Divino

 

Breviario de obligaciones

repetidas hasta el cansancio

deberes con causa desconocida,

donde pierdo casa, pierdo amor,

y me traiciona la angustia.

 

Oficio ordinario:

cuidar hermanos,

cuidar a ancianos,

cuidar a enfermos,

cuidar de los castigados,

cuidar la limpieza,

cuidar la bata,

cuidar los zapatos,

cuidar de escupir,

cuidar el himen,

cuidar cuidar cuidar

lo insano.

 

Vigilancia extrema

aunque no quiera faro,

como una autómata

respondo sí

presto, presto

mientras no descubran

que regreso

de un callejón sin salida,

me he convertido en junco

de tallo flexible

que traspasa la fe.

 

Decir, siempre decir sin

pronunciar discursos,

acariciar el gajo

como si fuese

el que salva del accidente,

disponer testamentos:

nada más ofrezco,

un canto breve

ilegal como una

flor muerta en el ramo

de una novia.

 

Dime si te soy fiel,

si he enrojecido tu nariz

cuando corro como bestia entre rieles,

si me alcanzas

donde el viento eriza a la oveja.

 

Dime si mi péndulo

te equilibra cuando dudas,

si puedes salir al sol

a leerme.

 

Yo enfilo pestañas,

una a una las deposito

en el pecho

para que se abra el ojo

del corazón

y bebas mis visiones.

 

Yo, la guardiana de vacas,

he perdido la sombra bajo

los manzanos.

 


  

En un bar holandés

 

 He olvidado mi lengua,

escrupulosamente anoto

dispersas sensaciones

en un bar holandés.

 

Medianoche  de efluvios,

pongo cara de maestra en papiros,

de neurótica correctora de

la Real Academia española,

cuando dicto leyes ortográficas

que solo retiene el barman

si me pagan el mojito.

 

Nadie  se salva,

mi  acento provoca

una catástrofe  sexual.

 

Estoy esdrújula, confundo

canales con piscinas,

el puerto con alguna laguna,

el cigarrillo a la mano

por si se animan a tomar fotos.

 

Siento, eso sí,  resiento,

gatos que maúllan

café que reverbera,

tripas que ronronean

vacas que no hacen ruido

pues están lejos y  escucho

respirar a mi abuelo Gerardo,

la mecedora

donde mi abuela Luisa

teje al croché,

silencio

la mecedora chirría

-chirría no es poético,

dice Don pantalón

del oficio que me maltrata-

pues la mecedora de abuela

hace un ruido

poco poético,

como si pidiese

que regrese

pero  ha muerto

y tampoco sé

cómo  se dice

madeja que cae al suelo

-¿mina, explota, desarticula?-

Tras las  rejas gritan

  • marchan,  apoyan, manifiestan-

o simplemente ladran

los perros del rey.

 

La lluvia ácida en mi rostro,

no reconozco las calles,

el relámpago es solo un neón

de la casa de putas.

 

Me hace la vida imposible

esta libertad aparcada

frente a una banda

que repite buenas noches.

 

De todas las cosas

un cuerpo

un cuerpo sin nombre,

incapaz de extraerme

del cóctel de drogas

donde he olvidado

que soy vieja.

 

Tengo la impresión que este hombre

me ha conocido en todos los tiempos.

Es hora de abreviar la palabreja,

al menos que me prive de pecado y

decrete correcciones al escriba

-los que hablan se guarecen

donde escampa,

poco sufren el salpullido

genital de los academicistas-

 

Si le beso, todos los ruidos

dejarán de existir,

y le beso

sobre el lienzo difunto

de los pretéritos.

 

Amanece, las tulipas

bendicen mi bolsillo,

respiran el iluminado sudor

de esta criatura perfecta

que me ha penetrado

sin saber que se suicida

el Occidente.

 

Pero aún persiste el léxico,

la culpa , el abandono de mis muertos,

tan solo queda el olor de meadero,

el tufillo de orina  que se escapa

e instala en mi nariz.


 

Apuntes meteorológicos  de la herborista.

 

Cielo

Llueve sobre la playa de Deauville,

de la arena al casino una nube

se consuela con las sombrillas

que han decidido seguir cerradas

como si fuesen pájaros alicaídos

se posan en el cuerpo que sombrea.

 

Aire

Me han decepcionado  los Hombres,

podré sembrar, recortar la pelusa

esperar el fruto

al ave que emigra

donde crece el verde,

la plantación infinita de eucaliptos.

 

Sol

Un rasguño en el acantilado

y aquel cuerpo germina.

 

Cultivos secos

Traza la ola su pirueta graciosa

desdibuja a la gaviota

que come en mi mano

las palabras no dichas,

escritas en papeluchos de puerto

donde me han prohibido la entrada.

 

Tiene el diente de perro el rojo

tinto de la sangre que beben

cuando me arrancan la piel,

y me bautizan loca.

 

Siembra milagrosa

La leche de florecillas

de bordura de mar,

en el gusto de su boca

que ensaliva mi lengua

mi lengua provocando la savia

de cien árboles airados.

 

Planta

La semilla encuentra el cause

en la barahúnda de la entrepierna.

 

Mala yerba

El hacha  reposa junto a la tijera,

poda cuerpo, tala hoja

sobre el verde antiguo de La Mancha.

 

Ángel mío, sin ti soy un trapo de piel

que en nada se parece a la creencia,

el zurcido mal echo,

no tengo fuerzas para remendarme.

 

Las cosas leves caen pesadas en el alma:

te nombro y voy a morir esta noche.

Margarita Garcia Alonso
Margarita García Alonso. Matanzas, Cuba. Periodista, poeta, y artista visual. Autora de diez poemarios, novelas y cuadernos de arte. Licenciada en periodismo por la Universidad de la Habana. En Francia obtuvo el Máster en Industrias gráficas. Posee numerosos premios de pintura, artes visuales y literatura. En Cuba fue directora del semanario cultural Yurumí y editora para Casa de las Américas. Dirige Editions Hoy no he visto el paraíso. Desde 1992, reside en Francia.

4 Comentarios

  1. Maya Islas 2016-06-17 at 9:05 am – Reply

    Poemas fuertes, llenos de valor e intensidad…Tendría mucho que subrayar debajo de versos favoritos.
    Tu escritura y el aspecto visual del momento poético siempre me acompañan.
    Percibo un momento rebelde que sale de los ciclos, palabras que expresan el “tour de force” quizás de algo nuevo,
    o de algo que duerme y despierta.

  2. Julio Benitez 2016-06-17 at 11:58 pm – Reply

    Dicen que me encantó o me gusto no es un juicio sino una impresión pero lo que leí de Margarita supera en mucho mis expectativas. Hay poesía en sus versos y poesía con imágenes claras y profundas, a veces plásticas y otras veces van a la hondura del sujeto lírico. Me atrevo a emitir el criterio de que Margarita es una de las poetas más importantes de su época. Y conste, sin exageración, con justeza.

  3. Juan Calero Rodríguez 2016-06-19 at 7:06 am – Reply

    Ha sido un placer adentrarme en estos poemas llenos de los sentimientos que embargan a cualquiera de nuestro éxodo, llenos de rabia, de dolor y de amor.

  4. Charo Guerra Ayala 2016-06-21 at 10:05 am – Reply

    Margarita, qué gusto leerte. Un abrazo

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2 pensamientos en “Cinco poemas de Margarta García Alonso en Signum Nous.

  1. maya Islas en dijo:

    Poemas que corren..que están desesperados…que observan…

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